Me dieron
mis dos brazos de mujer
y
 no me dijeron como romper los cerros.

Y ahora que he aprendido
a volar

entre sus flancos
de animal herido

me quitan
el único par de manos
que llevo.

Si algún día
yo pudiera caminar

por las calles
libremente,

sin catecismos

ni prejuicios de herrumbre,

sin una Virgen como ejemplo,

y golpear una piedra

con mi pie de mujer

y sonreír,

y hacer que un hombre sea

en la exacta medida
y fuerza
en que yo soy.

Si yo pudiera

alborotar el mundo

y trastornarlo,

y devolverle
la claridad rabiosa

a su rostro ciego.

Se me llenaría la cara

con libertad de aguaceros.

ANA ISTARÚ

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema1.php&pid=8064

Anuncios