Yo no quiero un
cuchillo en manos de la patria.

Ni un cuchillo
ni un rifle para nadie:

la tierra es para
todos,

como el aire.

Me gustaría tener
manos enormes,

violentas y salvajes

para arrancar fronteras
una a una

y dejar de frontera
sólo el aire.

Que nadie tenga
tierra

como se tiene traje:

que todos tengan
tierra

como tiene aire.

Cogería las guerras
de la punta

y no dejaría una
en el paisaje

y abriría la tierra
para todos

como si fuera el
aire…

Que el aire no
es de nadie, nadie, nadie…

Y todos tienen
su parcela de aire.

Los malos sembradores
van cayendo trazados

por la cintura
en dos trozos de carne amarga,

aplastados debajo
del grito de los pueblos.

De cada hueso,
de cada mujer herida,

sale un cuchillo
ardiendo, cortando brazos malos.

Y sobre brazos,
muslos, cabezas desprendidas

va creciendo el
oleaje de paz, de buena paz,

paz comprada con
negras monedas de dolor,

pero paz, compañeros,
paz, hermanos, paz buena,

fresca y onminiscente
como un aire, una nube

de estrellas
aventadas por un ángel de fuego.

 

JORGE
DEBRAVO

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