• La nueva masculinidad

ENTREVISTA A JUAN CARLOS KREIMER REALIZADA POR XAVIER COLL Y JULIÁN PERAGON

Ante
el empuje emancipador de la mujer, el hombre con su imagen, sus
prerrogativas, han quedado profundamente cuestionados. Al hombre, sin
aparente salida, no le queda otra que pararse y reflexionar, cuestionar
ese modelo, y encontrar otra forma de ser hombre desde una búsqueda
profunda de su masculinidad.
¿Cómo integrar para él su
razón y su sentimiento, su fortaleza y su fragilidad, su sexualidad y
su receptividad?, ¿cómo no tener miedo a la vulnerabilidad, a perder el
control, a ceder poder, a ser solidario?. En definitiva ¿cómo encontrar
otro modelo cuando sólo se tiene un modelo?

Sin Fronteras (SF):
En tus libros planteas el surgimiento de una nueva masculinidad, cómo
encontrar nuevos sentidos, como rehacerse hombre hacia una identidad
más amplia de la que hasta ahora éste se había identificado. ¿Cómo has
llegado a plantear esta nueva dimensión y en qué está basado tu trabajo
sobre la masculinidad?
KREIMER: Está basado
fundamentalmente en una necesidad personal y de un grupo de hombres que
empezamos a reconocer que no teníamos un espacio propio donde compartir
lo que nos pasaba sin ser interpretados, esterereotipados o criticados.
Empezó con unos matrimonios amigos cuando nos reuníamos. Nos dábamos
cuenta que cuando las mujeres se iban hablabámos de forma diferente,
podíamos utilizar códigos de varones sin ser malinterpretados, códigos
propios de varones. A partir de ahí empecé a enterarme de que los
grupos de hombres ya existían en Canadá, Brasil, Costa Oeste
Norteamericana, en España y Chile. Había grupos de hombres que estaban
investigando esta problemática, investigando a partir de vivencias. En
aquel momento empecé a buscar trabajos de reflexión sobre la condición
masculina y solamente encontraba algunos hechos por mujeres, en verdad
había muy pocos hace seis o siete años. Salvo «Hombres de Hierro»
escrito por hombres, en Estados Unidos. Esta realidad me hizo dar
cuenta de que eso era lo mejor que nos podía pasar porque nos
permitiría empezar de cero, empezar a investigar y ver qué nos pasaba,
a reflexionar sobre nuestra condición con menos condicionamentos.

SF:

Me imagino que esa época coincidió con un fuerte aumento del feminismo,
¿en qué medida, esos grupos, tienen algo que ver con una reacción ante
la voz que tomaba la mujer?.
KREIMER: Me
interesa hacer una especificación, porque los grupos de hombres
empezaron a salir a la superficie junto con el feminismo, que no con
las feministas, porque el movimiento de las mujeres tuvo un primer
periodo, allá en los años 60-70, de mucha confrontación, de mucho
rechazo, donde todo vínculo con hombres era malo, dañino, tóxico. Poco
a poco el movimiento se fue desnudando y las mujeres se dieron cuenta
de que no podían hacer un cambio social sin los hombres. Vieron que era
mucho más rico para ellas empezar a descubrir la Mujer, lo Femenino, y
ahí aparecieron todos los grupos de identidad femenina, los grupos
junguianos, empezaron a hablar de los arquetipos femeninos, de ser
mujer, de la diosa que había en toda mujer, y en términos mucho mas
cotidianos, las mujeres empezaron a descubrir su aspecto femenino.
Entonces surgen los grupos de hombres. No aparecen como grupos para
trabajar el aspecto femenino del hombre, son grupos de hombres
machistas; no van a trabajar su aspecto mas sensible, sino que son
hombres que acompañaron los fenómenos sociales que hubo en las últimas
décadas; hombres que comprendieron los reclamos del feminismo hacia lo
masculino por todo lo que la masculinidad acarreaba de ideas
patriarcales, de ideas de predominancia de ser un modelo que respondía
a un sistema capitalista destructor y empezaron a reeplantearse su
parte masculina.

SF:
Yo creo que la
mujer, o el movimiento feminista a posteriori, ha reflexionado y ha
visto que en la historia no solamente ha sido víctima dentro del
sistema patriarcal, también ha sido de alguna manera cómplice. ¿En qué
medida el hombre está también atrapado por el modelo patriarcal?, ¿cómo
es este modelo para el hombre y cómo se debate?
KREIMER:
Muchos hombres que tenemos entre 30, 40 y 50 años hemos sido criados
bajo un modelo de educación, en nuestra casa, escuela y sociedad, que
respondía a un modelo patriarcal, y se ha impreso en nuestro psiquismo.
No podemos decir «de esto me olvido»; nuestra mente está formada con un
sistema patriarcal. Por otro lado, los hombres hemos ido evolucionando
y vivimos a caballo entre dos paradigmas, el viejo y el nuevo, y hemos
sido capaces de ir a caballo de los dos. Pero sigue el modelo
patriarcal, nos cuesta aflojarnos y decir «no sé qué hacer». Es
necesario revisar y explorar para poder llegar a una síntesis clara
para que, por lo menos, nuestros hijos reciban en la educación un nuevo
modelo de su padre. Aquí también aparece el modelo patriarcal a la
superficie: a medida que crecen nuestros hijos nos vamos dando cuenta
de como todo lo que criticábamos de nuestros padres, de las autoridades
escolares o de la sociedad como representantes de un orden que pone
límites de alguna manera lo adherimos y lo continuamos con nuestros
hijos.

SF:
A un cierto nivel la mujer ha
podido poner fuera al malo de la película, el sistema patriarcal del
hombre, pero él mismo lo tenía dentro entonces era difícil luchar
contra sí mismo. De alguna manera, él también ha sido víctima de su
propio sistema, y lo seguimos siendo.
KREIMER:
En este momento las víctimas de la sociedad también son los hombres,
quizás los que menos consciencia tienen de ello. Yo por ejemplo tengo
que hacer mucho esfuerzo para llegar a los hombres, para explicarles
cuál es su problemática y por qué muchos no tienen consciente esta
cuestión. Piensan que la felicidad o la realización personal pasa por
el poder material, profesional, por el triunfo, el éxito, por las
posesiones y no por la recuperación de un ser, de una manera de ser. Yo
creo que hay mas hombres víctimas del sistema patriarcal que mujeres
golpeadas, acosadas, o más hombres víctimas que mueren de esta
mentalidad en todo el mundo que en las mismas guerras actuales. En las
guerras hay muchas muertes concentradas, y asustan, pero si tienes en
cuenta la cantidad de hombres que mueren de infarto, de patologías
degenerativas por contener al ser que hay dentro de ellos, cambia la
idea.

SF:
¿Sería cierto de alguna manera
que la mujer es al amor como el hombre al deseo y entonces es difícil
una comunicación real, en la medida que el eje del hombre es desear,
conquistar, triunfar, cuando en la mujer es sentirse amada?.
KREIMER:
El hombre esta condicionado por el hacer. Es como si tuviera que
encontrar su identidad en el hacer. En cambio, antes, muchas mujeres
encontraban su identidad simplemente consiguiendo un buen marido,
teniendo hijos, siendo buenas madres. A una mujer, el hecho de poder
concebir le da cierta identidad. Los hombres como no podemos concebir
tenemos que hacer y poseer para tener identidad. Esto es muy duro
decirlo así, pero…

SF:
Es cierto esto
de que el hombre está a caballo entre un paradigma y otro. Recuerdo una
encuesta relativamente seria que apareció en el diario El País acerca
de las tareas que realizaban los hombres en casa, las tareas
domésticas. Cuando la mayoría reconocía que si la mujer trabajaba fuera
de casa ellos tenían que colaborar al 50%, la realidad era que sólo un
5% bajaba la basura, un 0,4% planchaba, un 2% iba a buscar a los niños
al colegio, etc, etc., esto indica que la realidad es muy distinta,
entre el deseo o el reconocimiento consciente de que tienen que cambiar
las cosas y la realidad afectiva.
KREIMER:
Esto es cierto y yo hablaría de cierta comodidad de los hombres en
cuanto a las tareas cotidianas. Sentimos que tenemos como misión crear
grandes proyectos, proveer de cantidades de dinero, y muchos hombres no
se arremangan a la vida cotidiana.

SF:

¿No será que el prestigio como motor de la sociedad predisponga en este
caso a los hombres a que ciertos comportamientos que son desvalorados y
desprestigiados por la misma sociedad no puedan ser asumidos?. Los
mismos medios de comunicación marcan cuales son los comportamientos
adecuados de uno u otro sexo. Tal vez, mientras no cambien los valores
en el prestigio sea difícil cambiar algo.
KREIMER:
Tampoco tenemos que cuestionar tanto a los hombres. Hemos de tener en
cuenta las características físicas y biológicas del hombre y de la
mujer en cuanto a un comportamiento más hacia el exterior o hacia el
interior.

SF:
De alguna manera el modelo patriarcal que ha creado una sociedad también hace que la mujer se equipare al hombre en funciones.
KREIMER:
Estamos cayendo en la trampa. Muchas mujeres se sienten muy realizadas
porque tienen éxito en el mundo de los hombres y lo que veo ahí es que
han tomado lo peor del sistema masculino. Porque son gerentes de
empresa, porque ganan mucho dinero y son buenas competidoras. ¡Qué
fantástico! van estresadas, y de repente ganan dinero como para pagar a
una empleada que le mantiene a los hijos. Hemos de tener conciencia de
que estamos viviendo con valores muy trastocados, y muchos hombres que
tienen conciencia de esta situación no intentan diferenciarse de las
mujeres, que han quedado pegados a ella como a un sistema de creencias
o pensamientos unisex. No somos unisex, no somos iguales, por suerte.

SF:

¿No habrá un cierto peligro en naturalizar los comportamientos
femeninos y masculinos?. ¿Quiere decir que la mujer por naturaleza es
más amorosa, más tierna, tiene que hacer un tipo de funciones, cuando
el hombre es más activo, más dinámico y tendría que hacer otro tipo?.
Desde otra lectura quizás más antropológica, podemos ver que aunque hay
una tónica parecida en todas las sociedades más o menos estudiadas, lo
cierto es que hay comportamientos muy dispares, comportamientos en
sociedades que nosotros atribuiríamos como femenino cuando lo hacen
hombres, y comportamientos que nosotros interpretaríamos como
masculinos y los hacen mujeres. Tal vez no es tan fácil hacer una regla
universal.
KREIMER: No, lo que estoy
diciendo es que no nos polaricemos y no nos quedemos pegados a este
tipo de rol. Yo no digo que los hombres no hemos de tener la
agresividad o la fuerza que teníamos, sino que tenemos que usarla para
causas más sistémicas, más ecológicas, más globales, es decir, no para
contribuir a un mundo en el cual seamos cada vez mas víctimas, sino
para construir un mundo en el cual podamos vivir mejor esta situación.
No estoy diciendo que las mujeres abandonen el mundo del trabajo, sino
que nos ayuden a los hombres a crear empresas diferentes, maneras de
relacionarnos, de colaborar diferentes, más propias de la vida hogareña
que de la vida de los negocios, o más propias de las características
femeninas, en cierto modo colaboradoras de los hombres. Y también estoy
apuntando, no a dar una respuesta de lo que debe ser, yo soy apenas un
hombre de los tantos que hay en el planeta, lo que si que estoy es
invitando a mis congéneres a que empiecen a elegir el tipo de hombres
que son, que busquen y que sean conscientes del tipo de hombre que
eligen ser.

SF:
¿Hay algún planteamiento, algún modelo que se proponone dentro de los grupos de hombres?.
KREIMER:
Sí. Hay un modelo que es encontrar el ser genuino, ser más de cada uno,
encontrar quien es más allá o más adentro de los condicionamientos que
recibe a lo largo de la vida, sacar su esencia. Que cada cual genere su
propio estilo.

SF:
Sería lo ideal, que cada hombre pueda reconocer su propia fuerza masculina, y darle la forma que considere.
KREIMER:
Primero que pueda realmente darse cuenta de lo que le pasa, lo que
siente, lo que quiere, a lo que aspira. Segundo, que lo pueda expresar,
no sólo que se dé cuenta a un nivel intelectual, sino que también lo
pueda sacar de adentro suyo a la vida real, cotidiana e inmediata, y
tercero, que sea dueño de esta energía, en el sentido de que sepa
cuando usarla y cuando no usarla, porque a veces surge de repente una
fuerza y agresividad que tenemos los hombres delante de algún proyecto
que puede romper algo muy frágil. Esos tres pasos son importantes,
darse cuenta, expresar y adueñarse.

SF:

¿Cuáles serían los miedos que los hombres en esos encuentros tienen,
esta homofobia que normalmente tienen con respecto a otro hombre, en
cuanto a la dificultad de expresar su parte más vulnerable, sus
sentimientos?. Me doy cuenta de que entre hombres es difícil que
hablemos de cómo hacemos el amor, de cuáles son los problemas, de
cuántos son nuestros miedos…, porque es como reconocer una parte muy
frágil. Cosa que con las amigas es más fácil.
KREIMER:
Yo creo que los hombres comunicamos más entre los hombres en función de
una imagen que en función de un personaje. Esto se construye de
pequeños, cuando la energía salvaje, como dice Wilde, silvestre,
empieza a ser adaptada al nuevo tipo de vida; así como para gustar a su
mamá, a papá, al maestro, al amigo. Es importante toda esa etapa de la
infancia de los cinco años, el periodo edípico, los años en que el
chico se socializa en la escuela. Es una edad terrible porque lo que
quiere el chico es jugar, tener libertad. Yo recuerdo que lo que
ansiaba era, llegar a casa, hacer las tareas e irme a la calle a
correr, no tengo buenos recuerdos de aquel momento. Hay un momento en
que empiezas a cortar esa energía, yo mismo, empecé a adaptarme para no
tener problemas de conducta en la escuela, con mis padres, para que no
me castigaran y ahí empezamos todos a olvidar quiénes somos. De adultos
nos cuesta mucho llegar a esos registros que quedan grabados en alguna
parte de la memoria y del cuerpo, y a esas memorias no llegamos sólo
hablando, necesitamos hacer algún ritual, algún ejercicio de
movilización emocional para que aparezcan memorias que están muy
acorazadas. Por eso en los grupos de hombres se habla, pero también hay
movimientos, situaciones, rituales, hay movilización.

SF:

Recuerdo mi primera relación importante con una mujer mucho mayor que
yo. Interpretaba que si yo no era un hombre femenino no iba a ser
aceptado, con lo cual solamente potenciaba mis registros femeninos,
tierno, tranquilo… y entonces me di cuenta de que habían aspectos
masculinos que no los sacaba, porque no era valorado, tanto en la
sexualidad como en la manera de vestir, todo. Era como encarnar un
modelo femenino, porque el masculino estaba bastante castigado.
KREIMER:
Fuiste iniciado por la diosa, se diría. Te faltó estar iniciado también
por un mentor, por un hombre. Además, es cierto que en los años de
transición que estábamos viviendo era más fácil ser un hombre sensible
que no ser un hombre duro y por suerte, muchos hombres como tú se
dieron cuenta de que había una carencia. En los trabajos de grupos de
hombres se trata de recuperar la parte masculina, es decir, la parte
masculina afectuosa, el padre amoroso, le llamamos en estos grupos. El
hombre que puede amar a otro hombre por el solo hecho de ser, un ser
que está en la vida, un ser divino, sin que por esto sea homosexual,
¡da mucho miedo!

SF:
¿Cuál es el peso de las fantasías homosexuales?
KREIMER:
No tengo ideas precisas al respecto. Por lo que compruebo, la mayoría
de los hombres que han pasado por alguna experiencia homosexual, algún
juego en la adolescencia -para muchos eso fue fantástico en el sentido
de que por un lado les desarrolló la osadía de animarse a seguir sus
impulsos, después se dieron cuenta de que eso no era de su gusto-. Esto
es una constante que se ve en los grupos de hombres, casi todos han
tenido algún tipo de experiencia muy secreta que no la han contado a
nadie. Pero creo que la mayoría de los hombres en algún momento de su
vida han tenido alguna fantasía mental homosexual, de algún cuerpo
masculino, y creo que es bueno empezar a aceptarlo porque no es nada
malo. Yo considero seres maravillosos a los hombres gays. Nos ha
enseñado a muchos hombres a convivir con nuestra parte femenina, con
menos prejuicios.

SF:
¿Cuál es el esquema psicoterapéutico en este trabajo con grupos de hombres?
KREIMER:
Resulta altamente terapéutico, puesto que se está partiendo de una
aceptación, de quiénes somos, incluso en los grupos de hombres en las
primeras etapas se insiste mucho que quien coordine no interprete para
no crear otra vez la autoridad y el encasillamiento y repetir el tema
del padre castigador. También es importante el alto poder curativo
homeostático que tiene la persona, es decir, al aceptar a alguien tal
como es, entonces esa parte empieza a armonizarse y a reencontrar y a
expresar mucho más naturalmente que cuando se vive como un enemigo del
cual hay que defenderse. Cuando un hombre acepta que es un mentiroso
empieza a mentir menos pues llega a mostrar lo genuino.

SF:

Una estrategia de casi todas las sociedades, a veces en demasía, ha
sido la de polarizar los sexos, por una cuestión de orden, por un lado,
y por otra, por una cuestión de tensión, deseo, etc, en la relación y,
parece, que es una estrategia que ha funcionado; lo que ocurre es que
la sociedad moderna es distinta de la tradicional y la discriminación,
la diferenciación tendría que ser, por tanto, más personal,
intransferible y no tanto de grupo. Yo quería hacerte unas últimas
preguntas, de alguna manera la Nueva Era o la Era de Acuario está
presente y pronostica una integración de las polaridades, pero ¿cómo
influye el mito del andrógino? ¿Como lo contemplas tú en los grupos?
KREIMER:
Nunca lo había planteado en estos términos pero partimos de aceptarnos
con tendencias femeninas sin ningún cuestionamiento, lo cual ya es
novedoso en los grupos de hombres, no en los grupos deportivos ni de
trabajo, en los cuales no se acepta el aspecto femenino, en cambio en
los grupos de hombres se acepta que somos la suma de dos energías, y a
partir de ahí se revisa todo lo masculino, en la aceptación de que
somos andróginos.No es la idea de mitad y mitad, una cosa que no se
sabe qué es, sino uno es hombre o es mujer e integra la otra parte.
Diría que nos es más fácil a los hombres aceptar lo femenino que lo
masculino profundo y desconocido. LLegar a una revisión de quien es
uno, desde una visión andrógina que es más aceptadora de ambas partes,
facilita mucho el camino.

SF:
El hombre
se ha identificado en cuanto a la oposición, o sea, ser hombre es
no-ser mujer. Hay un dicho que se dice entre hombres, que es, te has
rajado, que significaría te ha salido una raja, o sea eres una mujer.
Lo masculino se define como lo que no-es mujer.
KREIMER:
Nosotros nos definimos por lo que no somos, por reacción y no por
adhesión, porque primero hemos de diferenciarnos con nuestra madre,
después nos damos cuenta de que no somos una niña, después de que no
somos un homosexual. En nuestra cultura faltan rituales o situaciones
que nos digan que es ser un hombre. Pocos padres hablan de masculinidad
a su hijo, porque pocos saben. El único rito de masculinidad que había
hasta hace poco era la milicia, que es un rito muy violento, pero no
hay un rito de masculinidad donde un padre o un mentor le expliquen a
un muchacho adolescente todo lo sagrado que es el acto amoroso, o la
sexualidad, o la energía sagrada que pone en juego todo eso.

SF:

No hemos hablado del sexo a pesar de que éste tiene mucha importancia
en la realidad del hombre, porque si bien la imagen que se da entre los
hombres es de que uno es un buen amante, que es potente, cuando la
realidad, al menos por análisis sociológicos, es bastante más pobre.
¿En los grupos de hombres reconocen sus carencias sexuales?.
KREIMER:
No solamente las reconocen, sino que empiezan a aceptar, a socializar y
a trabajar, es decir, hay grupos de hombres que cumplen un poco el rol
de ese iniciador del hombre en cierta sabiduría de vida, que incluye
también la sensualidad, el poder entregarse a gozar, a no ser sólo
hacedor en la cama sino también recibidor, a dar, aflojar y relajar en
la relación amorosa, sobre todo a sentir. Básicamente si tuviera que
sintetizar qué hacen los grupos de hombres es que ayudan a que sintamos
y a que pensemos.

Anuncios