Lenguaje ni azul ni rosa, de colores

Adrián Ballester Cerezo

«Tengo el honor de no ser académico»

Luces de Bohemia . R. Valle-Inclán

Me faltaban dos páginas para acabar el encargo de traducción y en el momento de mayor concentración se me apagó el ordenador. Intenté encenderlo una y otra vez sin resultado. Cuando la pantalla volvió a dar señales de vida, aparecía sobre fondo negro, un cuadro de alarma:

ATENCIÓN:
Virus lingüísticos a porrillo.
Escanee su ordenador, póngalo en cuarentena
y deje de traducir, que no son horas.

Desobedeciendo el último buen consejo porque se me acababan las horas antes de cumplirse el plazo de entrega, saqué del cajón los programas antivirus y me dispuse a arreglar el problema. El primer programa que apliqué fue el que venía de regalo con la viejísimo segunda edición del DRAE. Resultado del análisis:

Carpeta infectada: Textos de movimientos sociales anarcosindifeministas.

Causa:
Violación de la gramática pura blanca y que no empaña, cursilería lingüística, inconcordancias y abuso del morfema femenino “a”, múltiples irreverentes e innecesarios desdoblamientos, pataleo de vocablos desconocidos y desvergonzante sobreproducción de @.”.

Ante el resultado del análisis me sonrojé y recordé el día en que aprobé Lengua Española II alabando y glorificando a D. Lázaro Carreter. Compungido y temiendo que más virus se escondieran en mi ordenador, inserté el segundo antivirus; una copia del último programa creado por un movimiento rojo independista en copyleft. Resultado del análisis:

Carpeta infectada : Textos formales académicos y manuales de Lengua Española.

Causa:
Masculino genérico romance y romántico, plural elíptico neolatino, expresiones reduccionistas con tufillo a alcanfor y vocablos irrespetuosamente patriarcales.”

¡Ahora sí que la hemos liao! Pensé. Y yo con estos pelos y la traducción sin acabar. Pero bueno, de algún modo tendré que aclararme. Voy a poner mis ideas en orden e intentar aplicar el menos común de los sentidos.

Como hablante y aprendiz de traductor creo en la necesidad de mimar la lengua que pretendo manejar o cualquier otra lengua que tenga el placer de poner en contacto con mi boca. El uso que hago de la lengua es la base que tengo para observar y describir el mundo con la riqueza de posibilidades que me ofrece. Además, puesto que formo parte de la sociedad que la emplea, puedo usar la lengua como herramienta para evolucionar, crecer y denunciar desigualdades con las que no concuerde. Para vencer los desequilibrios que aún presenta la sociedad, me parece imprescindible que tal evolución social esté impulsada por la evolución lingüística.

La lengua, como la talla de bañador y los tipos de interés, está sujeta a cambios. Por suerte no tan indeseados como éstos y no tan traumáticos como ciertos agoreros alarman 1 . Evoluciona, es maleable, práctica y agradecida. Pero también es frágil, por lo que pide a quien la trate que lo haga con respeto -a ella y al resto de la comunidad lingüística-, sin extravagancias ni extremismos. Y pide, asimismo, transparencia, paridad y representación fiel de la actualidad, por lo que es comprensible que el descontento social la use como el medio más válido para denunciar el empleo sexista y su construcción histórica desde una perspectiva androcéntrica, como señala María Luisa Calero 2 .

La creación de la sociedad basada en los valores del patriarcado, el machismo, el catolicismo y heterosexualidad ha creado un entorno cultural irrespetuoso con la libertad de culto, la orientación sexual y ha provocado que la mujer siempre haya quedado relegada a un segundo plano, menospreciándola e infravalorando sus méritos. Un ejemplo que corrobora tal desigualdad podría ser el artículo 52 del Derecho Civil español, que en el siglo XIX prohibía a la mujer publicar escritos u obras científicas o literarias de que fuese autora o traductora, sin licencia de su marido, o en su defecto sin autorización judicial competente. La lengua ha sido un medio para imponer tales patrones y fue secuestrada por la élite decisoria masculina para mostrar una realidad parcial y ventajista. La mujer tiene el derecho de la existencia y la representación en el lenguaje, como denuncian las integrantes de NOMBRA 3 . Ante este panorama, abogo por un camino intermedio, lejos de alarmismos y malsonancias en el que con mayor sensibilidad y delicadeza se intenten utilizar términos que representen la realidad.

Si nos remitimos a la institución que dicta las reglas y trabaja por el buen uso de la Lengua Española, la Real Academia de la Lengua, nos fijamos que está formada mayoritariamente por hombres, con una representación femenina escasísima. Y no es que sea partidario de que el colectivo afectado deba afrontar su problema a través de una lucha unilateral. Tanto en el problema del uso inexacto del lenguaje, como en el problema de la violencia doméstica, estando en ambos más perjudicada la mujer, creo que debe darse una lucha bilateral donde el hombre se comprometa y una sus fuerzas a la mujer para conseguir la adaptación lingüística.

Al estudiar su obra principal, el DRAE, y estando sobre aviso de que cualquier diccionario es una obra ideológica, expuesta a las corrientes ideológicas, censura política y eclesiástica, orientaciones de la filología, cánones socioculturales de cada época, según señala la obra Los diccionarios del español en el umbral del siglo XXI 4  , se puede apreciar sin caer en extremismos feministas que su contenido aún incluye ejemplos parciales innecesarios y arrastra patrones sexistas a la hora de elaborarlo, como detalladamente ha quedado señalado en el estudio De mujeres y diccionarios 5 . Parece bien necesaria unas dosis de autocrítica (desde el sillón de la A mayúscula o de la a minúscula, según prefieran) para que lleven a cabo una revisión en posteriores ediciones a ciertos términos aplicando el carácter dinámico que propugnan para evitar un trato diferente y la propagación de definiciones asimétricas, en las que suele salir mal parada la mujer (véase pares de definiciones como astuto-astuta, coqueta-coqueto, querido-querida) y contribuir a deconstruir el imaginario social, evitando nuevas voces despectivas y peyorativas.

Profesiones

Al mismo tiempo sería muy interesante que desde las instituciones públicas y privadas se tuviera una mayor conciencia a la hora de redactar sus formularios. Impresos incompletos, muy especialmente en términos relacionados al campo profesional. El delicado y, a veces, chirriante tema de las profesiones y la adopción de nuevos términos donde hasta ahora estábamos acostumbrados a nombrar únicamente el masculino.

No creo que sea necesario el extremo de feminizar todas las profesiones, pues existen términos aceptados tradicionalmente como la/el médico en los que al referirnos a la persona concreta bien pueden ser empleados con la modificación del artículo. Pero sí creo importante incluir nuevos términos en femenino 6 , especialmente en aquellos puestos prestigiosos o sujetos a prejuicios que históricamente han venido ocupando hombres, para que sea la llave que permita visibilizar la mujer que lo ocupa y facilitar un acceso que hasta ahora había estado imposibilitado.

Finalmente, también es respetable la postura de la hablante que decide designar su profesión en término masculino, porque considera que hacerlo en femenino es una desvaloración de su profesión. Eso sí, deberá valorarlo pausadamente y preguntarse, como señala Eulàlia Lledó Cunill, «¿Cómo piensa que se establece el uso?» 7

Por lo tanto, para quienes creemos que es más justo e igualitario mostrar, a través de la lengua, la presencia de ambos sexos, deberíamos evitar la inercia y poner más atención a la hora de usar el lenguaje para reflejar la realidad. Son varias las técnicas que el lenguaje nos proporciona sin deshonrarlo y una receta válida sería:

  • Evite usar el término hombre como definición del género humano.

  • No siga las pautas lingüísticas y de uso pedante impulsadas por el mundo de la política.

  • No use el masculino genérico -pues excluye a la mujer de la representación mental.

  • No conduzca bajo los efectos de tertulianos mañaneros (o aprendices de traductor) metidos a lingüistas.

  • Emplee expresiones genéricas o neutras del tipo “el campesinado”, que incluyen colectivos de ambos sexos, cuando se requiera equilibrar su representación.

  • No admita patadas al diccionario por parte del mundo del famoseo.

  • Para una mayor agilidad oral, evite desdoblamientos interminables que le impidan la dinamicidad en el discurso y el aburrimiento de su audiencia.

En definitiva, aprovechémonos de la riqueza de la lengua para nombrar realidades, y apliquémonos dosis de paciencia, buen humor y empatía para seguir mimando a la lengua tal como se merece.

Adrián Ballester Cerezo, traductor
adrian.ballester(no spam)gmail.com
 
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Enlaces relacionados:

>Entrevista a la sociolingüista especializada en género Mercedes Bengoechea en la Universidad Pública de Navarra http://www.unavarra.es/info/not1894.htm

> Guía de lenguaje no sexista elaborada por BlogResponsable.com

> https://www.mujeresenred.net/

1 ARTETA, Javier: ¿Todos y todas? ¿Cómo lo escriben ellas?
http://www.elpais.com/articulo/pais/vasco/Todos/todas/escriben/elpepuesppvs/20061221elpvas_14/Tes

2 CALERO, María Luisa: Del Silencio al lenguaje (Perspectivas desde la otra orilla)  http://www.mtas.es/mujer/publicaciones/docs/nombra.pdf

3 Comisión Asesora sobre Lenguaje del Instituto de la Mujer. Representación del femenino y el masculino en el lenguaje.  http://www.mtas.es/mujer/publicaciones/docs/nombra.pdf

4 – HAENSCH, Günter (1997): Los diccionarios del español en el umbral del siglo XXI. Universidad de Salamanca.

5 – Lledó Cunill,Eulàlia (coord.), Calero Fdez. M.a Ángeles, Forgas Berdet Esther: De mujeres y diccionarios. Evolución de lo femenino en la 22.a edición del DRAE. http://www.mtas.es/mujer/publicaciones/docs/11Demujeres.pdf

6 Lledó Cunill, Eulàlia: Las profesiones de la A a la Z em masculino y em femenino.  http://www.mtas.es/mujer/publicaciones/docs/las profesiones en fem y masc.pdf www.mtas.es/mujer/publicaciones/docs/Nombra en red.pdf

Las

DESDE http://www.rebelion.org/noticia.php?id=63908