¿COLTÁN PARA EL DESARROLLO?

Por María Luisa Sarli

I

Este artículo se refiere a la explotación del coltán, mineral
estratégico para la industria de alta tecnología de las potencias
europeas y estadounidense, y los conflictos que ello genera en el
espacio geográfico de la República Democrática del Congo, país rico en
recursos minerales pero pobre en desarrollo.
Durante muchos años se
ha supuesto que las causas de las masacres que han tenido lugar y aún
persisten en países como la República Democrática del Congo, Uganda,
Ruanda y Burundi se deben a odios ancestrales entre tribus ribales en
su lucha por el poder y el dominio de ciertos territorios. Pero ciertos
hechos demuestran que la guerra por el control de la República
Democrática del Congo no es solamente una matanza tribal sino una
guerra estratégicamente incentivada por potencias extranjeras en su
afán de explotar al máximo los recursos económicos de la región,
especialmente el coltán.
El continente africano fue considerado desde su descubrimiento como una
prolongación de Europa en latitudes bajas, como una inmensa reserva de
materias primas que se podían extraer sin necesidad de trasladar gran
cantidad de población y sin tener en cuenta la organización social de
la población indígena que allí habitaba. África vivió la experiencia
colonial y también el proceso de descolonización de modo dramático.
Entre los años 1951 y 1980 muchos de los países del continente
alcanzaron su independencia, pero no se encontraron preparados para
administrar sus propios recursos según los nuevos modelos ya enraizados.
África se encuentra aún muy lejos de poseer una estructura económica
que le permita alcanzar el nivel de autosuficiencia, y su papel en el
contexto mundial permanece lamentablemente ligado al suministro de
materias primas.
Pero veamos de qué se trata este desconocido mineral que abunda en
África y es llamado coltán, su nombre es la combinación de dos palabras
que corresponden a dos minerales: la columbita (mossita o niobita) y la
tantalita (o tapiloita), de ellos se extraen los metales niobio y
tántalo.
El niobio casi siempre aparece acompañado de tántalo. El niobio
es un metal blanco-gris claro, brillante, blando y dúctil que se
recubre de una capa azulada (de óxido) cuando está expuesto al aire
durante mucho tiempo y que impide la posterior oxidación. Su
conductividad eléctrica es un 10 % de la del cobre, pero por debajo de
los 9,13 K es superconductor. Se utiliza en las varillas de soldadura
de arco para acero inoxidable, para la fabricación de aceros
inoxidables y otras aleaciones con cobre, níquel y cobalto de gran
solidez y estabilidad térmica. También se lo utilizó en la construcción
de sistemas de distribución de aire de cápsulas espaciales y
recubrimiento de barras de combustible nuclear. Debido a sus
propiedades superconductoras se lo ha utilizado para la construcción de
imanes superconductores con alambres que mantienen su
superconductividad en fuertes campos magnéticos.
El tántalo
es un metal gris, pesado y muy duro cuya conductividad eléctrica es un
12 % de la del cobre. Tiene un punto de fusión superado sólo por el del
wolframio y el renio. Por debajo de 150ºC es inmune al ataque de la
mayoría de los reactivos. Se utiliza para la obtención de aleaciones
con alto punto de fusión, resistentes e inoxidables. Dicho mineral
tiene buenas propiedades dieléctricas, por ello se lo emplea para
fabricar condensadores electrolíticos y partes de hornos de vacío.
También se lo utiliza en la fabricación de equipos químicos, reactores
nucleares, aviones y cohetes, como así también de material quirúrgico.
El metal puro se lo utiliza en la industria electrónica para fabricar
rectificadores, filamentos de lámpara y capacitadores. El óxido de
tántalo tiene un elevado índice de refracción y se emplea en la
fabricación de vidrios especiales para lentes de cámaras.
El coltán
es esencial para el desarrollo de las nuevas tecnologías,
principalmente para la fabricación de los condensadores y partes de los
teléfonos celulares. El coltán hace que las baterías de los
minicelulares duren por más tiempo cargadas, ya que con él los
microchips optimizan el consumo de corriente eléctrica.

 

II
La gran demanda de coltán, mineral esencial para el desarrollo de las
nuevas tecnologías, se inició ya antes del boom comercial de los
teléfonos móviles que en el año 2000 inundaron el mercado con
aproximadamente 500.000 unidades. Cuando el coltán extraído en Brasil,
Australia y Tailandia comenzó a escasear se estableció un mercado
ilegal en África central. En las provincias del este de la República Democrática del Congo,
consideradas por la UNESCO reservas ecológicas de gran importancia, se
encuentra aproximadamente el 80 % de la reserva mundial de coltán y es
justamente allí donde intervienen grandes y muy conocidas
multinacionales formando en la zona una serie de empresas, muchas de
ellas “fantasma”, asociadas entre los capitales transnacionales, los
gobiernos locales y las fuerzas militares para la extracción de coltán como así también de otros minerales como el cobre, el oro y los diamantes industriales.
Si bien las rivalidades étnicas en la Rep. Democrática del Congo se
remontan a tiempos ancestrales, las tensiones aumentaron a partir de
1994, con la llegada de más de un millón y medio de refugiados hutus
que escapaban de la guerra civil y el genocidio en Ruanda. Pero los
hechos indican que las matanzas que allí tienen lugar no son sólo por
rivalidades étnicas sino por la codicia de las multinacionales en su
afán de controlar las grandes riquezas minerales de dicho país. Sus
países vecinos también sufrieron conflictos étnicos además de la
influencia colonial.
Empresas multinacionales se ocupan de producir gran parte del tantalio
en polvo a nivel mundial, y se mueven grandes sumas de dinero producto
de la explotación no sólo de coltán sino también de oro y diamantes.
Las grandes empresas financian a las distintas fuerzas militares que
con la excusa de la existencia de conflictos interétnicos mantienen el
control de las minas.
En las minas aluvionales trabajan miles de mineros bajo un sistema y la
fuerza de trabajo utilizada para trabajar en las minas está integrada
por ex campesinos y ganaderos, quienes se vieron obligados a ocuparse
de esta actividad minera luego de la devaluación que sufrió la
producción agrícola congoleña para la exportación, también está
integrada por refugiados, prisioneros de guerra y miles de niños de la
región, ya que por ser pequeños pueden trabajar en las minas a ras del
suelo.
A pesar de que el trabajo forzado fue abolido por ley en la mayoría de
los países africanos luego de su independencia, aún siguen vigentes las
relaciones de poder consuetudinario de obediencia al jefe local, de
modo tal que cuando los campesinos o los niños no acuden a las minas,
el poder estatal-policial los recluta por la fuerza.
Los trabajadores extraen coltán
de manera continua, duermen y se alimentan por sus propios medios de
animales autóctonos de la selva montañosa de la zona, mientras que las
guerrillas trafican cueros y marfil. Es decir, mediante esta
superexplotación basada en la represión y el trabajo forzado las
ganancias resultan enormes y la mano de obra continuamente renovada.
Las crecientes necesidades de la industria debido al gran avance
tecnológico de Estados Unidos y de países europeos han creado graves
conflictos en los países menos desarrollados. Debido al gran aumento de
la demanda de coltán, especialmente para la fabricación de mayor
cantidad de celulares, se ha establecido en África Central y Oriental
un mercado ilegal que mueve grandes sumas de dinero, a costa de
millones de muertes de seres humanos imposibilitados de salir de la
pobreza, la explotación y el subdesarrollo.
Todo parece indicar que los países que comercian con el coltán
contribuyen a la financiación de la guerra ya que tienen gran interés
en que continúen allí las tensiones para permanecer en la rica zona
africana donde se lo explota.
Las multinacionales no han necesitado ni les ha interesado invertir en
planes de modernización en los países africanos explotados, en
particular en la República Democrática del Congo, y se benefician allí
de la mano de obra casi gratuita y esclava. Ello imposibilita las
posibilidades de desarrollo de esos países
¿Cuántos millones más de muertes en África serán necesarias para que
algunas empresas y sus cómplices obtengan tan grandes ganancias?

 

III

Repasemos un poco la historia de los países africanos vinculados al coltán,
mineral estratégico para la industria de alta tecnología de las
potencias europeas y estadounidense y que genera tantos conflictos en
sus espacios geográficos.

Uganda, antes
de la penetración británica en la década de 1860, estaba integrada por
una serie de pequeños reinos, entre los que se destacaba Buganda, un
estado con una compleja organización formado por el pueblo baganda del
centro y sur del país. En el siglo XIX Buganda llegó a alcanzar poder y
riquezas gracias a la expansión del comercio de marfil y esclavos con
la ayuda de los comerciantes árabes.
Gran Bretaña declaró a Buganda
protectorado británico de 1894, y en 1896, con la ayuda de tropas
bugandesas anexó los reinos vecinos de Buyoro, Toro y Ankole, dando a
la región el nombre de Protectorado Británico de Uganda.
En octubre de 1962 Uganda obtuvo su independencia y entre 1966 y 1967,
durante el gobierno de Obote, se abolió el reino de Buganda y se
instauró la República con él como presidente. Los intentos
dictatoriales de Obote por imponer un gobierno centralizado provocaron
una gran oposición regional.
En 1971 Obote fue exiliado y reemplazado por el general Idi Amin Dada,
musulmán y ex sargento del ejército británico. En 1972 expulsó del país
entre cuarenta mil y cincuenta mil residentes asiáticos, entre ellos la
mayoría de los hombres de negocios e industriales más capaces del país,
que se vieron obligados a dejar allí sus fortunas, que Amin empleó para
enriquecer a sus fieles y comprar la lealtad del ejército. Además,
desató una campaña de terror contra cualquier sospechoso de oponerse a
su régimen. Se estima que fueron asesinadas más de doscientas mil
personas. En 1978 provocó un conflicto fronterizo con Tanzania y al año
siguiente, tropas de Tanzania entraron en Uganda y con la ayuda de gran
parte de la población tomaron su capital y Amin huyó del país.
La población de Uganda está integrada en su mayoría por grupos étnicos
de habla bantú, y que habitan principalmente en el sur y centro de
Uganda. Entre ellos el grupo más numeroso es el baganda, que representa
aproximadamente el 30 % de la población. Otros pueblos de habla
nilótica, en especial los lango y acholi, se concentran en el norte.
Los pueblos nilo-hamitas más importantes del noreste son los turkana y
los nómadas karamojong. La economía ugandesa ha sufrido gravemente a
causa de inestabilidad política.
Los primeros habitantes del territorio de Ruanda-Burundi fueron los
pigmeos twa que acabaron siendo dominados por los hutu, un pueblo de
pastores. A fines del siglo XIV los tutsi, un pueblo de pastores
guerreros originarios de Etiopía, invadieron la región. Los hutu se
convirtieron en sus vasallos y se vieron obligados a trabajar la tierra
a cambio de protección militar. En 1897 ese territorio fue conquistado
por los alemanes e incorporado al África Oriental Alemana. Cuando
Alemania perdió sus territorios africanos en 1918, Ruanda-Burundi pasó
a ser administrada por Bélgica, y en 1962 los dos territorios
obtuvieron la independencia como Ruanda y Burundi.
Burundi
pasó a ser gobernada por los tutsi. Los hutu se resistían a aceptar el
dominio tutsi, y las luchas por el poder dentro de este grupo
acentuaron la inestabilidad social y política.
En Ruanda
el dominio de los tutsi se mantuvo durante el período colonial alemán
(1897-1918) y la dominación belga, bajo la supervisión de la ONU, desde
1946. Pero en 1959 los hutu se rebelaron y aproximadamente ciento
cincuenta mil personas , en su mayoría tutsi, fueron asesinadas, y
otros ciento cincuenta mil hutus huyeron a Burundi, estado que llegaron
a controlar políticamente.
Las sucesivas matanzas que tuvieron
lugar en Ruanda y que han conducido a los genocidios de 1994, nacieron
del enfrentamiento de tutsis y hutus. Los tutsi considerados de
superioridad racial y los hutus de superioridad numérica.
Como ya se mencionó en artículos anteriores, durante muchos años se ha
supuesto que las causas de las masacres que han tenido lugar y aún
persisten en países africanos, como los mencionados en este artículo,
se deben a odios ancestrales entre tribus ribales en su lucha por
supremacía, poder o territorios, pero dichas guerras tribales son
estratégicamente incentivadas y aprovechadas por potencias extranjeras
a fin de lograr su objetivo: la explotación de los recursos ajenos.
 

IV

Repasemos un poco la historia de la República Democrática del
Congo, país africano vinculado al coltán, mineral estratégico para la
industria de alta tecnología de las potencias europeas y estadounidense
y que genera tantos conflictos en su espacio geográfico.

La historia de la República Democrática del Congo no
ha sido fácil desde que Bélgica inició su ocupación en el siglo XIX
debido a las enormes posibilidades económicas que ofrecía el
territorio. Se trata de un país étnicamente muy variado y complejo. La
población negra de origen bantú se distribuye aproximadamente por las
dos terceras partes del territorio. Le siguen en importancia las
poblaciones sudanesas, establecidas sobre todo en las regiones
septentrionales periféricas, y en el noreste del territorio se asientan
grupos de poblaciones nilóticas. También hay pequeños grupos de pigmeos
en la selva ecuatorial.
En el reparto europeo de África, el Congo
fue entregado al rey Leopoldo de Bélgica, quien lo gobernó como si se
tratara de una reserva privada. Durante los primeros treinta años del
dominio belga, se estima que fueron asesinados aproximadamente quince
millones de congoleses debido a la explotación de caucho y marfil. Hoy
son más de tres millones y medio las vidas perdidas por la explotación
de coltán.
Cuando el Congo se liberó del régimen colonial en 1960, los belgas no
habían desarrollado las infraestructuras del país más allá del mínimo
necesario para explotar sus riquezas naturales. El capital belga
mantuvo grandes holdings de empresas en dicho país, y el gobierno
belga, con la activa participación de Estados Unidos se unieron a fin
de seguir asegurándose la explotación de los recursos.
Tras la muerte de Patrice Lumumba, primer ministro del Congo, gobernó
durante treinta y dos años el dictador Mobutu Sese Seko, quien cambió
el nombre del país por el de Zaire y fue recompensado por Estados
Unidos por su alianza durante la Guerra Fría contra el comunismo.
En 1997 fue derrocado el presidente congoleño Mobutu Sese Seko, quien
también estaba muy vinculado con los capitales imperialistas de origen
francés, siendo reeplazado por Laurent Desiré Kabila, amigo de Paul
Kagame, actual presidente de Ruanda, quien estudió en centros
militarres de Estados Unidos e Inglaterra, y Yoweri Kaguta Museveni,
actual presidente de Uganda, considerado por Estados Unidos como su
aliado en la región.
Laurent Desiré Kabila tomó el control de la República Democrática del
Congo después de una guerra en la que junto con sus aliados ruandeses y
ugandeses asesinaron a miles de civiles, y al año siguiente provocó
otra guerra cuando sus antiguos aliados, Ruanda y Uganda invadieron el
país. Durante esa guerra tanto las fuerzas de Kabila como las de
Uganda, Ruanda y los rebeldes congoleños aliadas a ellas atacaron
violentamente a la población civil, destruyendo sus propiedades y
provocando el desplazamiento masivo de la población.
A lo largo de los cuatro años que Kabila estuvo en el poder atentó
contra los derechos humanos de la población congoleña y otorgó
concesiones para explotar las ricas minas de su país a sus colegas
militares y comerciales, mientras que la economía nacional estaba
siendo conducida hacia la ruina.
Desde entonces y hasta la actualidad se han disputado el territorio dos
bandos, por un lado Uganda, Ruanda y Burundi, apoyados por Estados
Unidos; por otro lado, la Rep. Democrática del Congo, Angola, Namibia,
Zimbabwe, Chad y las milicias integradas por hutus y maji-maji. Estos
bandos en 1999 se repartieron el territorio mediante el Acuerdo de
Lusaka, así como hicieron las potencias europeas en la Conferencia de
Berlín de 1885 donde se distribuyeron el continente africano para
facilitar su saqueo y explotación.
Kabila fue asesinado en el año 2001, pero las luchas continuaron durante el gobierno dirigido por su hijo Joseph.
Si bien las naciones mencionadas se diputan el control del territorio,
son las corporaciones las que están repartiéndose la zona para la
explotación y comercialización del coltán y de otros minerales valiosos.

DESDE  http://www.espacioblog.com/geotecnologia/categoria/explotacion-del-coltan




Niños soldados en la guerra civil congolesa.

más…
http://www.voltairenet.org/article144318.html
http://www.afrol.com/es/especiales/13258
http://latinoamericana.org/

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