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LOS NIÑOS DE LA CALLE
(William Grigsby Vergara)
Los niños de la calle tienen más poder en sus miradas
que todo el poder que puede acumular
un gobierno con su ejercito de ministerios.
En el poder, los amantes se relamen
y usan la bandera para acurrucarse.
.
Mientras tanto y bajo el frío nocturno,
se cuelgan de los semáforos, racimos de niños
que viven en huelga de hambre desde siempre
y parecen cocos celeques colgando de los semáforos.
Luz verde. Puede pasar la caravana presidencial.
Luz amarilla. Puede pasar la caravana.
Luz roja. Puede pasar todavía.
No hay semáforo que la detenga.
.
El presidente cuelga la bandera nacional en un tendedero.
La bandera nacional es un harapo.
Ya no hay héroes ni mártires.
Hoy solo quedan niños valientes en las calles.
Son los niños de la nación tan maltratada
los que tienen el corazón en las rodillas
y en los pies cocidos de pavimento
y en sus rostros perdidos la verdad amontonada.
Perdidos en la calle como bolsas plásticas.
Así son los rostros de los niños.
.
La caravana presidencial surca otro semáforo barrido.
Los semáforos se ven tan sucios y macilentos
luego del paso de la caravana presidencial.
El presidente prende el micrófono.
El micrófono se comerá sus palabras.
El viento las arrojará sobre el lago de Managua
como una lluvia de polvo primitivo
mientras vomita retórica en alguna plaza.
Los niños de la calle son como morteros callejeros
que estallan entre los rótulos rosados del poder.
.
Los niños tienen el poder en sus miradas.
Los niños se tomaron las calles.
Los niños limpian los vidrios de la apatía nacional.
Los niños se montan uno sobre otro
hasta llegar a la nariz del presidente
y darle una bofetada en la conciencia.
Los niños de la calle se tomaron la noche.
Se tomaron la luna con la leche de su luz.
La luna amamanta a los niños de la calle.
.
Los niños son los dueños de la peligrosa oscuridad.
Los que barren, los chiboleros, los lustreros,
los niños cuida-carros, los vende agua,
los monederos de las aceras apiñadas,
los niños que jalan carretones
y los que venden su pobreza en los diarios
y los que venden periódicos con ellos en las portadas
y los que hacen mandados en los mercados
y los que no saben leer ni escribir
y dibujan figuritas infantiles con la rama de un palillo.
.
Los niños que empujan llantas descocidas en las pendientes,
los que juegan al borde de los causes,
los niños de la capital que ya son tantos
cuyo único capital es la inocencia bajo el sol.
Los niños se le paran a los diarios muertos de futuros.
Los niños se tomaron la conciencia de la urbe.
Los niños del campo que ahora son de la ciudad.
Los niños cuyo único partido es la infancia
y la inocencia es su bandera de libertad.
.
Los niños que van a las marchas para hacer el alboroto
porque su jardín infantil son las rotondas y los bulevares.
Se tomaron las aceras para jugar fútbol con porterías de piedra.
Se tomaron las esquinas para hacerles favores a las putas.
Se tomaron el país antes que el mismo presidente.
Están en plena calle desde que los gobiernos engañan a la gente.
.
Mientras tanto, el rey de los ricos se disfraza de pobreza,
prepara el pecho para ponerlo en un discurso,
pasa en su carroza por los semáforos de la ciudad
y limpia su retrete con los diarios matutinos
que venden los niños de la calle cuando lo ven pasar.
Junio. 2008.
Managua
Los Niños de Nicaragua
Sonrisas y Sufrimiento
 
por Christoph Grandt, Managua

(publicado en el periódico Central América Weekly)

Un viaje por Nicaragua es un viaje seguido por miles de sonrisas de niños y niñas. Sin embargo, una gran parte de ellos vive en condiciones de vida  inaceptables. Muchos niños tienen que trabajar duro para sobrevivir. Además, son maltratados en sus propias familias, ya que este país centroamericano es muy machista, es costumbre pegar a sus hijos como es costumbre pegar a mujeres. En las capas más pobres esto se da con mucha frecuencia y con más violencia. Para la UNICEF, el mayor avance en Nicaragua fue la entrada en vigencia del Código de la Niñez y de la Adolescencia en Noviembre 1998, determinando la dignidad, la protección y los derechos de los niños y adolescentes. Siendo esto un paso importante en adelante, queda mucho por hacer, como lo demuestran estas imágenes.

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Nicaragua es un país de jóvenes. 53% de sus habitantes es menor de 18 años y el promedio es de 16.1 años (UNICEF 1996). Más de la mitad de las familias tiene entre 5 y 7 miembros, y casi un tercio cuenta con un número de 8 a 11.

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Muchos damnificados del Huracán Mitch siempre viven en el polvo ardiente de “Tierra Prometida”, a unos 30 Kilómetros de Managua en condiciones miserables. Pero no es por tanto una excepción: Sólo el 62% de los niños nicaragüenses tienen acceso al agua potable y sólo el 35% a servicios sanitarios digno de ese nombre (UNICEF 1997).

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»Primero estudiar, luego trabajar« dice un Slogan del gobierno divulgado por la televisión. Sin embargo, la tasa neta de ingreso a la escuela primaria es de sólo 73% (UNESCO 1998), una consecuencia del trabajo infantil que impide a las niñas y niños completar su educación primaria.

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Diez Córdobas de ganancia por cada cassette vendido no es poco, pero convencer a los clientes es un trabajo que le cuesta. Ahora ya no vende cassettes sino juguetes y chimbombas, así como cientos de otros niños y niñas que trabajan en el Malecón, a orillas del Lago de Managua.

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»Los niños tienen derecho a la dignidad como personas humanas« nos dice el Código de la Niñez. Sin embargo, él seguirá lavando carros con su trapo sucio y comiendo las sobras de la gente que puede gastar 30 Córdobas por un pollo asado.

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¿Una adolescente jugando con su hermanito? No lo es. Es una joven madre con su hijo de cuatro años. Una imagen conmovedora y fenómeno común de la sociedad nicaragüense, pues el 21% de todos los niños nacidos son hijos de madres adolescentes (Proyecto Dos Generaciones 1996), debido en parte a una educación sexual casi inexistente.

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Los que tienen la ventaja de ser educados en un colegio privado son los afortunados. Son ellos los que determinarán el futuro de Nicaragua. Por otro lado, en total sólo el 31% de los jóvenes nicaragüenses terminan el quinto grado (UNICEF 1998), y el analfabetismo en adultos es de 24% (UNICEF 1995).

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Niñas como ella ya tienen que asumir una responsabilidad existencial. La mama muerta, la niña decide sacrificar su chancho de ahorro y destinar sus pocos riales para una venta de agua.

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El vaso de pega les cuesta 5 Córdobas. Como ellos, aproximadamente 15.000 niños entre 7 y 14 años viven en las calles de Managua. Diez veces mayor aún es el número de niños que, a pesar de tener hogar, viven dependiendo de estrategias de sobrevivencia (UNICEF 1991).

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A partir del día de sus 16 años, ella es ciudadana nicaragüense gozando de amplios derechos políticos. Sin embargo, en su casa ni siquiera hay una mesa para poner su queque de cumpleaños. ¿Y dónde hacer las tareas para el colegio en este ambiente? Ya hace muchos años que ella no va, desde entonces su único capital  sigue siendo su belleza – una ventaja efímera.


Christoph Grandt, Mayo 1999

DESDE  http://www.christoph-grandt.com

https://i1.wp.com/www.christoph-grandt.com/fotos/fotosnicaselect_public/nica_sel_025.jpg
Fotos de Nicaragua  desde AQUÍ

 

A 30 pisos de altura
frente a la playa de Copacabana
la calle huele a humedad,
a fruta, sexo, bronceador, cachaza.

A 30 pisos de altura
veo la vida que me mira y pasa
bebiendo agua de coco
frente a la playa de Copacabana.

Cuando den las diez no volverán a casa
se quedarán ahí, no volverán a casa.
Cuando den las diez los niños de la playa
se quedarán ahí, no volverán a casa.

Como los coches, luz de farola,
como los gatos y las baldosas,
como las tiendas y los buzones,
como basura por los rincones,
como los perros
intentando vivir,
viviendo.

Desde la asfixia y la altura
veo el temor de la ciudad dormida,
nada se intuye en el aire
de la violencia en la que todo gira.
Colombia avanza y el mundo
no sabe nada y si lo sabe, olvida.
Y todo sigue girando,
morir al día es parte de la vida.

Niño del dolor que cuelga de los coches
y aspira oscuridad crecida de la noche.
Niño del dolor sin nada a que agarrarse
perdido en la ciudad, ya es parte del paisaje.

Como los coches, luz de farola,
como los gatos y las baldosas,
como las tiendas y los buzones,
como basura por los rincones,
como los perros
intentando vivir,
viviendo.

A muchas hora de casa
miro la luz de la ciudad torcida,
la inmensidad del D.F.,
la multitud que en el smog respira.
A muchas horas de casa
otra mirada nos observa y mira
y la serpiente emplumada
quedó atrapada y ahora es luz cautiva.

Niño del dolor haciendo piruetas
a cambio de tener migajas o monedas.
Niño del dolor que juega a hacerse grande
ausente del amor ya es parte de la calle.

Como los coches, luz de farola,
como los gatos y las baldosas,
como las tiendas y los buzones,
como basura por los rincones,
como los perros
intentando vivir,
viviendo.

“Niños”
Pedro Guerra

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