“Nos enseñan a tenerles miedo, que son malos, peligrosos.
Pero cuando nadé entre ellos para fotografiarles me sentí frustrado
porque era dificil aproximarme: me tenían miedo”
Rob Steward

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Spielberg acabó con los tiburones

Entrevista en La Vanguardia con Rob Stewart, biólogo, productor y protagonista de Sharkwater, defensor de los tiburones. Por Víctor-M. Amela:

  • “Tengo 28 años. Nací en Toronto y vivo en Los Ángeles. Estoy soltero. Soy realizador de documentales naturalistas. ¿Hijos? ¡Una serpiente pitón de dos metros! ¿Política? Sobrevivir en este planeta.
    Me gusta el snowboard, bucear, correr, escalar, los reptiles y los tiburones”.—¿Qué hago si veo un tiburón este verano?
    Salúdele de mi parte. Y no le tenga miedo.—¿Usted no les teme?
    —Nado entre tiburones 200 días al año.—¿No le atacan?
    —No. Los tiburones no atacan a las personas. Al contrario: huyen de nosotros.—Hay muertes por ataque de tiburón.
    —Son sólo cinco muertes al año. Y por accidentes, ¡no por ataques!—¿Accidentes?
    —¿Qué quedaría de una persona si un tiburón realmente la atacase? ¡Ni una migaja! No, no ataca: sólo prueba.

    —¿Prueba? ¿Qué quiere decir?
    —Que un buceador con traje de neopreno puede recordarle a una apetitosa foca, e hinca el diente por probar… Pero no estira.

    —Y te desangras por accidente, vaya…
    —Pero no es la bestia agresiva y devoradora de personas que Spielberg inventó en Tiburón. ¡Después de aquella odiosa película la población de tiburones ha decrecido!

    —¿Hasta qué punto?
    —En los últimos 30 años ha desaparecido el 90% de los tiburones, ¡y a nadie parece importarle! Esto es gravísimo, gravísimo…

    —¿Acusa a Spielberg de la extinción de los tiburones?
    —No sabíamos casi nada de tiburones y llegó Spielberg y nos enseñó a odiarlos. Por eso me dedico a explicar al mundo que los tiburones son fabulosos y que los necesitamos.

    —¿Por qué los necesitamos?
    —¡Sin tiburones en los mares, nuestra propia supervivencia peligrará!
    El 70% del oxígeno del planeta proviene de los mares, de sus microorganismos, de sus microalgas. Y si los tiburones desaparecen, ese oxígeno irá desapareciendo.

    —¿Qué vincula a tiburones y oxígeno?
    —Elemental: los tiburones comen peces que comen microalgas productoras de oxígeno. A menos  tiburones, más peces comedores de microalgas… y menos oxígeno.

    —¿Y quién mata hoy a los tiburones?
    —Las industrias pesqueras, principalmente las chinas. China cotiza muchísimo la aleta de tiburón: ¡400 dólares el kilo! Este negocio mueve miles de millones de dólares.

    —¿Legalmente?
    —No, porque está prohibido en todos los países de la Unión Europea y en otros 16 países del mundo. Pero es tanto dinero el del tráfico ilegal de aletas de tiburón, ¡el más boyante tras el de armas y el de drogas!,
    que la corrupción tapa bocas. Como en España…

    —¿Qué pasa en España?
    —Tras China e Indonesia, es el país que más aletas de tiburón corta. Y el de Vigo es uno de los puertos del mundo al que más aletas llegan. ¡Y nadie lo denuncia!

    —Aquí usted. ¿Cómo sabe todo esto?
    —A los 22 años decidí rodar un documental naturalista sobre los tiburones… y estuve a punto de morir. Y no en las fauces de un tiburón, ¡sino de la mafia pesquera!

    —¿Qué le pasó?
    —Filmábamos en aguas del Pacífico, en el triángulo entre Galápagos, isla Cocos (Costa Rica) y Malpelo (Colombia), el área con mayor población de tiburones del mundo. Y descubrimos en Costa Rica un secadero clandestino de aletas de tiburón: ¡millones de dólares en aletas! Y sorprendimos a un pesquero cortando aletas a tiburones, cuyos cuerpos mutilados arrojan al mar.

    —¿Pudo filmarlo?
    —Sí, y los guardacostas quisieron abordarnos, disparando tiros. Logramos escapar.

    —Vaya aventura.
    —Sólo quise hacer un documental y me vi metido en una película de mafiosos y asesinos.

    —¿Dónde nace su interés por el tiburón?
    —De niño iba con mis padres de vacaciones al Caribe. Tenía 10 años y, buceando con gafas y tubo, me topé con un tiburón a diez metros. Y vi que tenía tanto miedo como yo.

    —No lo ha olvidado, veo.
    —Los tiburones son para mí como los últimos dragones. Son tan primitivos… ¡Son anteriores a los dinosaurios! Existen desde hace casi500 millones de años, ¡150 millones de años antes que los dinosaurios!: han sobrevivido a cinco extinciones masivas.

    —¿Qué los hace tan singulares?
    —Todo. Disponen de sensores que les permiten captar campos electromagnéticos y también el latido del corazón de un pez oculto entre las rocas o bajo la arena. Ellos saben a distancia si estás nervioso o tranquilo.

    —¡Parecen naves extraterrestres!
    —Hay 500 especies distintas, adaptadas a cada mar del planeta: algunas de 12 centímetros, como el tiburón enano linterna, y otras de 18 metros, como el tiburón ballena. Viven tiburones incluso bajo los hielos árticos y en profundidades inexploradas. ¡En vez de dedicarnos a masacrarlos deberíamos investigarlos!

    —No cataré la sopa de aleta de tiburón.
    —Harás bien. Cien millones de tiburones mueren cada año por culpa de esa sopa.

    —¿Y qué hay de la leyenda de asesino que tiene el tiburón blanco?
    Es el más vergonzoso y asustadizo de los tiburones. ¡Por eso es tan difícil filmarlo! Si ves uno, ya te digo, salúdale de mi parte.

    —¿Cuál ha sido su mejor momento junto a tiburones?
    —Yo buceaba sobre un volcán sumergido a treinta metros bajo la superficie…, y me aparecieron 300 tiburones martillo. Fue fascinante, fue como volar con dragones en el inmenso azul.

    ‘Sharkwater’

    Lleva el océano en los ojos y habla de los tiburones como de sus mejores amigos. Sabe de ellos más que nadie. Le pregunto cómo es tocar un tiburón:
    “Como tocar una maleta muy llena, de tacto suave en un sentido y como lija en el contrario”.
    Ha venido a presentar Sharkwater, su película documental, en el 15 Festival Internacional del Cinema del Medi Ambient. Me resume su mensaje:
    “Somos parte del ecosistema, y si lo destruimos, nos destruimos: cuando hablo de proteger a los tiburones, hablo de protegernos a nosotros mismos”.
    A este paso, dice, en el 2048 no quedará vida en los mares. ¿Qué será de nosotros? Si veo un tiburón de las 17 especies mediterráneas, rezaré por él y por nosotros.

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Rob Stewart – Productor y protagonista de Sharkwater

Cinco condiciones para salvar el planeta

  • 1. Educación: estudiamos a Shakespeare y álgebra en el colegio, pero no nos enseñan cómo sobrevivir en el planeta.
  • 2. Voluntad y compromiso político: necesitamos saber y debemos preocuparnos por averiguar lo que los políticos y gobiernos hacen a favor del medio ambiente.
  • 3. Nuevo paradigma: el modelo socio-económico actual en el que vivimos no funciona, la distribución de los recursos no es equitativa y el uso que hacemos de los mismos no es sostenible.
    El consumismo acelerado en el que vivimos solo sirve para agravar la crisis que padece el planeta, incluyendo los océanos.
  • 4. Energías renovables: tenemos que reducir drásticamente nuestra dependencia del petróleo y buscar energías alternativas.
  • 5. Reciclar: debemos eliminar o reducir la basura que generamos; ser capaces de reciclar y reutilizar los desechos que generamos, porque el planeta ya no los puede absorber.

“Si no actuamos ya, no podremos salvar el Planeta”

 Rob Stewart, buceador, biólogo marino, amante incondicional de los tiburones, y además productor y protagonista de Shark Water, la película cuya première acaba de lanzarse en París, conversa con Oceana sobre sus sueños, sus temores y sus planes de futuro.

A los 9 años tuvo su primer contacto con tiburones.
A los 22, recién graduado de biología marina, se embarcó en un proyecto cuyo objetivo era hacer un documental sobre la belleza y la importancia del tiburón, el depredador por excelencia de los océanos.

“El ser humano ni siquiera es consciente de que está acabando con los tiburones,
una especie vital para el equilibrio de los ecosistemas marinos,
y para la propia supervivencia del planeta”.

Trascuatro meses de filmación, de haber recorrido varios mares y haberse enfrentado al dengue y a la tuberculosis, Rob Stewart se encontró con que apenas tenía imágenes para cubrir cinco minutos del documental, y lo único con lo que contaba era una deuda de más de 300.000 dólares.
Entonces apareció en el horizonte Sea Shepherd y Paul Watson y se encontró de frente con una realidad acuciante que está poniendo en peligro de extinción a los tiburones: el “shark finning” o la práctica insostenible de capturar a estos animales, cortarles las aletas y desechar el resto del cuerpo, todavía agonizante, al mar.

Junto a Paul Watson y su tripulación a bordo del Farley Mowat, dedicada a denunciar y detener la matanza indiscriminada, no solo de tiburones, sino de ballenas, focas y otras formas de vida marina, Rob se dio cuenta que se imponía dejar a un lado el documental y contar en primera persona por qué los tiburones están el peligro de extinción.

“Creo que la ignorancia es el principal obstáculo.
Lo que quiero que entienda la gente cuando vea la película
es que están matando a un amigo sin saberlo,
y que con ello están poniendo en peligro la propia
supervivencia de los océanos y del planeta”
,
comenta Rob Stewart.

DESDE   http://www.oceana.org/

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Fueron sólo 10 minutos, pero han sido los 10 minutos
más intensos en mi vida de buceo.

La tarde anterior merodeaba un longimanus por la cercanía del barco en Big Brother, y en la siguiente inmersión le pedí a Elena que me dejara quedar por las inmediaciones. Poder ver y fotografiar a ese tiburón era uno de mis retos pendientes y valía la pena intentarlo. Pero después decasi 15 minutos esperando en el cabo de popa, decidí hacer la inmersión en la pared del arrecife. ¡Otra vez será.!

Por la noche tuvimos asadero en la popa y será por las luces o la comida que se iba tirando al agua, que de repente aparecieron 3 longimanus.
Incluso sacaban las aletas y la cabeza fuera del agua. Ya sólo ese encuentro fue una maravilla.

Al día siguiente nos tiramos en Little Brother, en la punta sur-oeste donde la corriente venía justo en esa dirección y en la punta del arrecife se quedaba en calma.

Con las ganas de ver algo grande fui a tiro hecho dejando a todo el grupo bastante atrasado. En un momento dado y al resguardo de la corriente, me detengo para esperarlos. Miro al azul y veo a un grupo de buceadores haciendo la parada de seguridad en el cabo de popa de su barco. Veo algo moviéndose entre ellos y me fijo que es un tiburón.

Decido acercarme a ver si le puedo sacar alguna foto, pues no paraba de dar vueltas alrededor de los buceadores. Cuando me voy acercando no me creo lo que veo: peces piloto con el tiburón. ¡UN LONGIMANUS!.

El pulso se me acelera y rezo para que no se vaya mientras voy a su encuentro. Estaba casi en superficie y yo venía de un fondo de 30 m. Me giro y le hago señas a mi compañero para que avise al grupo mientras yo me lanzo al azul, fuera de la protección del arrecife.
Me da lo mismo que se me lleve la corriente. Ya vendrá la neumática a buscarme, si se diera el caso, pero con alegría compruebo que no hay corriente, que se ha quedado una zona “ciega” y está en calma.

Empiezo a hacerle fotos al tiburón de lejos, a ver si puedo sacar alguna decente. Uno a uno, la gente del barco va subiendo y el tiburón se fija en mi. En lugar de irse a mar abieto asustado por mis burbujas y, sobre todo, por mi carcasa y flashes, se me acerca curioso, quizás porque no haya visto muchos “bichos tan raros” bajo el agua. Poco a poco el Longimanus va dando círculos más cerrados sobre mi. Con cada pasada se va acercando más.

Primero me pasa por encima, luego por debajo, más tarde por los lados y, finalmente, de repente, da un quiebro y se encara hacia mí. Son momentos de no pensar, sólo miro por el visor de la cámara y me lo veo de frente.
Rezo para que se acerque más y yo ya voy lanzado a por él.
“¡Que no se vaya todavía!. ¡Que aguante un poco más!”,
voy pensando mientras el dedo no para de darle al disparador. Ni miro si salen bien las fotos, ni si los flashes están bien orientados, ni nada. No quiero perder ni un segundo de vista al tiburón. Sigue avanzando hacia mí sin inmutarse ni cambiar de dirección. Yo avanzo hacia él de la misma manera. No pienso en cómo será el encuentro. Es como cuando en las películas se ven a dos tipos en coche yendo a toda pastilla uno contra el otro. ¿Quién girará en el útlimo momento?.

Cuando estábamos ya a menos de 1 m. de distancia uno del otro, en un ligero quiebro el tiburón alzó un poco la trayectoria y pasó justo por encima de mi cabeza. De haber tenido pelo me hubiera hecho la raya en medio.
¡HA SIDO ALUCINANTE!. UN SUEÑO HECHO REALIDAD. Aunque ni en el mejor de los sueños hubiera podido imaginar un momento como éste. Miro hacia atrás y veo como Balky y Maradentro están ahí haciendo fotos de lo ocurrido. El resto del grupo están todos desperdigados por el arrecife. Algunos con el cuchillo en la mano y otros parapetados detrás de su compañero. Me hacen señas que los tienen de corbata, pero yo no tengo tiempo ni de pensar en eso. Por fortuna la corriente sigue nula y no nos hemos movido del lugar. El Longimanus sigue dando vueltas entre nosotros. No es un encuentro fugaz: ¡ES EL ENCUENTRO!.

Ni sé el tiempo que ha pasado. Miro el manómetro y tengo 140 bares de aire. ¿TANTO? Si con tanta respiración pensaba que ya debía tener la botella en reserva. El tiburón sigue y yo voy de nuevo al ataque. Otra vez de frente, pero no tan cerca como la anterior. ¡QUE GOZADA!. ¡IMPOSIBLE HABERLO IMAGINADO MEJOR!. ¡YA ME PUEDO IR A CASA!. No paran de venirme a la cabeza pensamientos de este estilo.

Finalmente, se acerca de nuevo a mi, me rodea, se da la vuelta y lentamente se pierde en el azul. Como si se hubiera venido a despedir.

SE ACABÓ. Mientras lo veo fundirse con el mar, las lágrimas me empañan la visión. LLORÉ.

Con 120 bares en la botella y 20 minutos de inmersión, la doy por finalizada. Saco la boya, viene la barca a buscarme y me voy al barco a disfrutar del recuerdo y, como no, de las fotos.

Un sueño se ha cumplido. Quizás uno de los más viejos, pero aún me quedan otros y seguiremos intentando conseguirlos.

DESDE     http://www.forobuceo.org

ENTREVISTA

ROB STEWARD
/Biólogo y defensor de los tiburones

“Nuestra ignorancia es el peor
enemigo de los tiburones”


Rob Stewart, buceador, biólogo marino y amante de los tiburones, ha sido noticia recientemente por ser el productor y protagonista de Sharkwater, una película que muestra el lado amable de estas increíbles criaturas marinas y que desea ser un elemento de apoyo en la lucha a favor de conservar esta especie amenazada.

Nacido en Toronto, Canadá, Rob comenzó su viaje como fotógrafo submarino a los 13 años y a los 18 ya era instructor trainer cuando comenzó sus estudios de biología en Ontario, Jamaica y Kenia.

Antes de comenzar su documental Sharkwater, estuvo cuatro años viajando como fotógrafo jefe de la Federación Canadiense de Revistas de Vida salvaje y como galardonado fotoperiodista independiente. Dirigiendo expediciones a las más remotas áreas del planeta, Stewart adquirió miles de horas de experiencia buceando con las últimas novedades tecnológicas en rebreathers y cámaras.

A los 9 años tuvo su primer contacto con tiburones, y a los 22, recién graduado en biología marina, se embarcó en un proyecto cuyo objetivo era hacer un documental sobre la belleza y la importancia del tiburón, el depredador por excelencia de los océanos.

El ser humano ni siquiera es consciente de que está acabando con los tiburones, una especie vital para el equilibrio de los ecosistemas marinos, y para la propia supervivencia del planeta

 

Tras cuatro meses de filmación, de haber recorrido varios mares y haberse enfrentado al dengue y a la tuberculosis, Rob Stewart se encontró con que apenas tenía imágenes para cubrir cinco minutos del documental, y lo único con lo que contaba era una deuda de más de 300.000 dólares.

Entonces apareció en el horizonte Sea Shepherd y Paul Watson y se encontró de frente con una realidad acuciante que está poniendo en peligro de extinción a los tiburones: el “shark finning” o la práctica insostenible de capturar a estos animales, cortarles las aletas y desechar el resto del cuerpo, todavía agonizante, al mar.

Junto a Paul Watson y su tripulación a bordo del Farley Mowat, dedicada a denunciar y detener la matanza indiscriminada, no solo de tiburones, sino de ballenas, focas y otras formas de vida marina, Rob se dio cuenta que se imponía dejar a un lado el documental y contar en primera persona por qué los tiburones están el peligro de extinción.

Creo que la ignorancia es el principal obstáculo.

Lo que quiero que entienda la gente cuando vea la película es que están matando a un amigo sin saberlo, y que con ello están poniendo en peligro la propia supervivencia de los océanos y del planeta”,

comenta Rob Stewart..


¿Cómo fue su primer encuentro con tiburones?

Era sólo un crío. Estaba buceando con unas gafas y un tubo. Había deseado ver un tiburón toda mi vida y había leído libros a cerca de ellos. Los había visto en la tele y me parecían los animales más interesantes de la tierra. Di la vuelta al arrecife y vi uno. Estaba totalmente impresionado al ver una criatura tan grande, poderosa y perfecta.

¿Por qué dedicarse a salvarlos? ¿Qué les hace tan importantes?
Las especies que han evolucionado estos últimos 400 millones de años han sido modeladas por sus depredadores, los tiburones, dando forma a sus conductas, camuflajes, velocidad, tamaño y comunicaciones. Ellos han sobrevivido a las cinco mayores extinciones, pero ahora son ellos los depredados. Muchos países no tienen tiburones porque los han aniquiladoilegalmente para extraerles las aletas, y ahora los pescadores están pescándolos para otros países que dependen de los tiburones para comer. Pero nadie quiere salvarlos, la gente los teme. Se hacen reportajes especiales tipo “El verano del tiburón” reflejando sus ataques.

¿La imagen de la película Tiburón le molesta?
Me fastidia mucho. Entiendo de dónde viene esa imagen, ya que un tiburón peligroso da dinero y vende periódicos. Si te dicen que un tiburón es precioso, perfecto y maravilloso y no quiere atacarte, sólo será noticia una vez. Pero si te dicen: “Ataque de tiburón. Ataque de tiburón…”·
Eso es noticia una y otra vez. Es ridículo, pero sabes que ellos están jugando con los temores de la gente.

La mitad de las veces se trata de un pequeño tiburón que accidentalmente muerde el pie de alguien. Podría haber tenido la misma herida pisando un trozo de vidrio. Es un a locura como los medios tratan el tema y el daño que han hecho a los tiburones. Es ridículo, porque muy poca gente resulta mordida.

¿Cuándo empezaste a pensar en hacer un documental?
Estaba trabajando como fotógrafo naturalista y había hecho una serie de artículos diversos para algunas revistas importantes a cerca de lo que les estaba sucediendo a los tiburones alrededor del mundo, después de descubrir la pesca ilegal para cortar aletas en las Galápagos.

Creamos una cuenta para que las personas que leyeran los Artículos hicieran donativos para pagar una patrulla en las galápagos. Prácticamente no recibimos dinero. Pensé que debería haber otro modo mejor de llegar a la gente. Los medios impresos claramente no son los más impactantes que podía usar.
Así que me dije: ¿por qué no hago una película? Nunca había manejado una cámara antes, sólo estaba decidido a hacer una película. Encontré algunas personas que me prestaron dinero para alquilar algunas cámaras y pude empezar.

¿Cómo fue el rodaje?
La película fue en muchas direcciones inimaginables. Cuando empecé no sabía nada a cerca del cine o de cómo rodar. Así que empecé pensando en hacer sólo una bonita película sobre tiburones. Y entonces comencé el viaje con la organización Sea Shepherd y el mundialmente conocido Paul Watson, y todo lo que pudo ir mal fue mal. Chocamos con un pesquero de tiburones en Guatemala que nos persiguió hasta fuera de Costa Rica. No me metí al agua el primer mes, así que mis sueños documentales submarinos disminuyeron radicalmente. Entonces decidí de repente que eso fuera una historia desenfadada y decidí filmar todo lo que iba sucediendo.

Háblanos sobre el comercio de aletas
Los tiburones son capturados por sus aletas. Los pescadores les cortan las aletas y los tiran por la borda aun con vida. Las aletas se venden para hacer sopa y aunque muchos países han prohibido esta práctica, millones de tiburones son ilegalmente masacrados cada año.
Cuando llegamos a Costa Rica, la tripulación del Sea Shepherd fue arrestada por intento de asesinato por el choque, a pesar de que el presidente del país nos invitó allí. Todos los implicados se preguntaban por qué todo el sistema judicial estaba atacándonos.

Mientras, en tierra, firme tuvimos la oportunidad de conocer más acerca del negocio de las aletas de tiburón. Un negocio ilegal en Costa Rica, pero en toda Asia se conoce que las aletas vienen de Costa Rica. Encontramos a alguien que creía que había una conexión entre la mafia de Taiwan y todas las aletas que aparecen en Asia. Investigamos un poco y descubrimos, gracias a esta persona, un par de sitios donde vendían aletas. Descubrimos aletas por todas partes, había miles de operaciones de venta y cientos de aletas secándose en los tejados y personas transportándolas. Imaginamos enseguida que había una gran cantidad de dinero entrando en el país y una economía sumergida multimillonaria.

¿Os pusisteis nerviosos?
Sí, por supuesto. Hasta salimos por piernas. Los operarios vinieron hacia nosotros con sus pistolas y tuvimos que correr. Me hubiera gustado poderme quedar, tener pelotas para seguir filmando. Tuvimos que montar en los coches y salir pitando. Después, el guía nos comentó que la mafia andaba buscándonos y que no era buena idea dejarnos ver por la ciudad.
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Fuente: http://www.buceo21.com/REPORTAJES/entrevistas/91steward.html

 

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