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Publicado por
UNOVIDA

Ronald Gamboa

AHOGADOS EN TRUENOS DE MAQUINAS..
DE MONTAÑA DESARRAIGADA…
DE BOMBARDEOS A LAS ENTRAÑAS DE UNA MADRE…
Y UNA ESPERANZA DE UN HIJO QUE SOLO VIVIRÁ DIEZ AÑOS..
QUE SE VA PARA NUNCA VOLVER MAS..

COMO PODER DECIRLES QUE
EL QUE ENGAÑA NO RECONOCE SU MENTIRA..
Y LA HACE MAS GRANDE Y MAS GRANDE…
DANDO BRILLO A LOS OJOS DE TUS PENAS…
PROMETIENDO CIELO Y TIERRA

COMO DECIRTE QUE
TAN SOLO SENTIRÁS EL OLOR A ALMENDRAS DEL CIANURO…
PERO DEJARAS DE VER LOS ALMENDROS ETERNOS Y CENTENARIOS

DICEN QUE LE LLAMAN INFINITO
PUES DA FIN A LO CREADO EN CRUCITAS
PORQUE SE PASEAN POR BRASIL Y VENEZUELA
DEJANDO UNA MALA HUELLA A SU PASO

AHORA EL GIGANTE VIENE DEL NORTE
NO GRINGO, MAS AL NORTE
DANDO FIN A NUESTRO INFINITO TESORO

BOTANDO EL RESPLANDOR
DE NUESTRA TIERRA RICA
ESCUDRIÑANDO LAS ENTRAÑAS
Y LLENANDO LOS BOLSILLOS DE POCOS
Y DANDO SOLO ESPERANZAS DORADAS
QUE DURAN TAN SOLO DIEZ AÑOS
PERO DEJA HERIDA PARA TODA LA VIDA

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Especialistas de UCR advierten que el proyecto Crucitas
es de muy alto riesgo en una zona de ….leer más.

Ecología política y capitalismo
20-10-08,
Por Joel Sangronis Padrón

La racionalidad económica capitalista se caracteriza por el
desajuste entre las formas y los ritmos de extracción, explotación y
transformación de los recursos naturales por parte del sistema y las
condiciones necesarias para la conservación y regeneración de los
ecosistemas intervenidos. La aceleración en los ritmos de rotación del
capital y la capitalización de la renta del suelo para maximizar
ganancias ha generado una insostenible presión sobre los diferentes
ecosistemas que existen en la tierra.

La liberación de la naturaleza es la
Recuperación de las fuerzas vivificantes
Que hay en ella, de las cualidades
Estéticas y sensuales que son ajenas
A una vida desperdiciada en actos
Competitivos sin fin: con fuerzas y cualidades
Que sugieren los nuevos rasgos de la libertad.
No sorprende por eso, que el espíritu del capitalismo
Rechace o ridiculice la idea de la naturaleza liberada,
Que la relegue a la imaginación poética…
H. Marcuse

Es bien conocido que el término ecología fue acuñado a finales del siglo XIX por el biólogo alemán Ernst Haeckel.

Como toda disciplina científica nacida en pleno reinado del
positivismo, la ecología, en tanto que ciencia natural, nació también
con aspiraciones de ciencia pura, no contaminada con elementos
metafísicos y mucho menos con elementos de las llamadas ciencias
blandas o humanísticas.

Como en tantas otras disciplinas científicas y tantos aspectos de la
realidad histórico-social, el viejo Carlos Marx vino a introducir un
cuestionamiento en el propio seno de esta nueva disciplina que apenas
daba sus primeros pasos en el escenario científico de la cultura
occidental. Marx señaló que: “Mientras existan hombres, la historia de
la naturaleza y la historia de los hombres se condiciona mutuamente”.

Con esta idea, con esta visión dialéctica de la naturaleza como
“cuerpo inorgánico del hombre”, desarrollada ampliamente en El Capital,
Marx, al igual que había hecho con la economía, introdujo la política,
entendida esta como las actividades de los hombres divididos en clases
y enfrentados entre sí por las contradicciones que dicha división
conlleva, en el ámbito de la ecología.

Estas pioneras ideas de Marx crearon el marco necesario para que en
los últimos 40 años florecieran en todo el mundo estudios sobre la
grave y cada vez más peligrosa crisis socioambiental, pero realizados
desde la óptica política, esto es, una crisis estudiada y entendida
como consecuencia de determinadas formas y relaciones de producción en
el marco de determinados sistemas económicos y de poder.

Autores como los norteamericanos James O´connors, director de la
revista Nature, Murray Bookchin con su tratado de la Ecología de la
Libertad y John B. Foster con su agudo trabajo Ecología de Marx; el
francés Andre Gorz con sus trabajos Ecología Política y Capitalismo,
Socialismo y Ecología; el austríaco Hans Magnus Enzensberger con su
clásico texto Para Una Crítica de la Ecología Política; el español Joan
Martínez Alier o Héctor Alimonda en Latinoamérica.

Todos estos autores coinciden en el hecho de que la crisis ecológica
que vive la humanidad, y que se ha acentuado en los últimos 30 años,
(desertización, pérdida de la biodiversidad, recalentamiento global,
rompimiento de la capa de ozono, extinciones masivas y aceleradas,
hambrunas, y cambio climático) no pueden entenderse como fenómenos
neutros, no pueden ni deben ser estudiados, de acuerdo a la metodología
positivista, como hechos aislados del modelo de organización político
económico y social que ha dominado a la mayor parte del mundo en los
últimos 300 años, esto es, el capitalismo.

El capitalismo debe ser entendido no como un simple sistema de
propiedad y producción sino como un sistema de organización económica y
social, como un sistema de relaciones entre los hombres y entre estos y
el medio natural no antropizado.

La cultura de la dominación, de la apropiación privada y de la
explotación, paradigmas del capitalismo, se ha extendido no sólo a las
relaciones de producción entre los hombres, sino también a la
naturaleza. En el capitalismo la naturaleza es transformada de una
entidad ecológica con complejas relaciones holísticas a una entidad
económica con relaciones mercantiles de producción. Los derechos de
propiedad y las relaciones de producción capitalistas condicionan
explícitamente las formas y manejos de los ecosistemas ubicados en cada
país o región sometidos a las leyes del mismo.

El homo sapiens de por si no es incompatible con el ecosistema
terrestre salvo por el hecho que de nuestra especie surgió una sub
especie superdepredadora que desde 1945, desde un lugar de los EEUU
llamado Bretton Woods diseñó la globalización económica, perversa
maquinaria succionadora de la energía vital de todo el ecosistema
terrestre hacia un centro imperial delirante, desbocado, derrochador y
enloquecido.

La lógica del capital como modo de producción y como cultura es
esta: producir acumulación mediante la explotación de la fuerza de
trabajo de los hombres por la dominación de clases, por el sometimiento
imperial de los pueblos y finalmente por el pillaje de la naturaleza.

Este sistema a los fines de mantener altas tasas de ganancia (esta
es su razón de existir) necesita recurrir en forma permanente a nuevas
fuentes de producción (recursos naturales)para así poder mantener un
alto consumo que a su vez se traduce en la generación de colosales
cantidades de desechos como externalidades del proceso.

La racionalidad económica capitalista se caracteriza por el
desajuste entre las formas y los ritmos de extracción, explotación y
transformación de los recursos naturales por parte del sistema y las
condiciones necesarias para la conservación y regeneración de los
ecosistemas intervenidos. La aceleración en los ritmos de rotación del
capital y la capitalización de la renta del suelo para maximizar
ganancias ha generado una insostenible presión sobre los diferentes
ecosistemas que existen en la tierra.

La expansión territorial requerida para garantizar el modo de
producción capitalista no puede tomar en cuenta los ritmos de
regeneración y recuperación de los ecosistemas que lo surten de
materias primas, todo lo avasalla, todo lo hace parte y engranaje de su
lógica.

La causa de este tipo de desarrollo destructivo y depredador no es,
por lo tanto, su irracionalidad, sino por el contrario, precisamente su
racionalidad intrínseca.

La incompatibilidad (contradicción) entre la racionalidad económica
capitalista que al intervenir un ecosistema persigue la generación
masiva de un único producto (soja, maíz, ganado) para poder ser
competitivo en la economía de mercado, con ciclos económicos cada vez
más cortos y acelerados con el fin de maximizar ganancias y la
diversidad y complejidad inherente a todo ecosistema (especialmente los
tropicales) y sus lentos, a veces milenarios ciclos de reproducción, es
absoluta!
La
disminución de los recursos naturales conlleva necesariamente la
degradación del entorno, por lo que es entonces aquí que debemos
entender que la contaminación no es otra cosa que los productos de
desecho del proceso de apropiación privada de recursos naturales que
por su propia esencia tendrían que ser sociales y comunitarios, tales
como el agua, la tierra, el aire, los paisajes, etc. ; estos recursos
al ser convertidos en mercancías quedan atados a la lógica del sistema
que necesita consumir su valor y desecharlos rápidamente como
externalidades del proceso.

El agotamiento progresivo e indeclinable de los recursos naturales
que el capitalismo necesita para mantener su ritmo de funcionamiento es
la causa principal del nuevo modelo hegemónico-imperial que sufre el
mundo en nuestros días.

Como bien lo señala el autor vasco Artemio Baigorri: “previendo el
agotamiento de los propios recursos, los países imperialistas se han
lanzado de nuevo a la caza y captura de las colonias. Ya no son hoy en
día los factores determinantes del imperialismo ni la necesidad de
importar fuerza de trabajo (esclavismo), ni la necesidad de exportar
capitales o de colocar una superproducción en los mercados coloniales,
ni mucho menos la lucha política entre bloques. Se trata sencilla y
llanamente de arrancar los minerales, el agua, la energía, el trabajo y
hasta el ADN de allí donde se encuentren”.

Podemos concluir entonces afirmando que lo que conocemos hoy como
crisis ambiental no es otra cosa en el fondo que el resultado del
régimen social y económico imperante (capitalismo). Que los modos de
producción y estructuras de dominación que conducen a la explotación
del hombre por el hombre conducen inevitablemente también a la
explotación de la naturaleza por parte de las clases dominantes de la
sociedad humana.

La alienación del hombre incluye también la alienación de la
naturaleza antropizada. Liberar al hombre de la opresión implica
también liberar a la naturaleza de las actuales relaciones de
explotación y dominación.

Lo que está en juego, más que la supervivencia de la especie humana,
es su vocación y derecho a un mundo hermoso y libre, capaz de
dimensionar una vida de relaciones fundadas en el más ser y no en el
más tener, y en una lucha competitiva estéril y deshumanizante, que
sobrevive a la sombra de un posible holocausto nuclear, con la
permanente neurosis de un ambiente degradado, hostil y contaminado, con
crisis económicas que proyectan hacia el futuro imágenes de pesadilla,
un ser humano dislocado en sus fibras más profundas, mutilado de su
entorno, enemigo de sí mismo y de toda otra forma de vida.

El socialismo que los seres humanos aun habremos de construir en
este siglo que recién comienza, no solamente tendrá que enfrentar y
superar las contradicciones socioecológicas que el capitalismo ha
generado en los últimos 300 años, más importante aún, tendrá que crear
un nuevo modelo cultural que permita al hombre producir los bienes que
le son necesarios para su subsistencia en forma integrada y no
destructiva, respetuosa con los ciclos y ritmos del ecosistema
terrestre. Un socialismo en el que los hombres no condicionen
agresivamente a la naturaleza sino que se integren a ella en forma
armónica y plena. Tarea titánica en verdad, quizás la mayor que hemos
enfrentado como especie, pero que por ello mismo no podemos demorar más
en asumirla. www.ecoportal.net

Joel Sangronis Padrón
Profesor UNERMB

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