“El arte de desaprender es un proceso
de vaciado, de muerte y renacimiento,
que nos lleva a la libertad.”

Hannah

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EL ARTE DE DESAPRENDER

Estamos tan llenos de información sobre las cosas, y sobre nosotros mismos, que andamos perdidos por la senda del desconocimiento, alienados del alma del mundo, del alma de las cosas y de nuestra propia alma.  Extra-vagantes y aletargados, poseídos de un saber ex-céntrico con aroma y sabor de coherencia.

Perro, flor, árbol, persona, piedra, río… son solo conceptos que prefiguran una información perceptiva, a la vez que nos alejan de la esencia real de lo percibido; de modo que la fuente del aprendizaje se establece en la dualidad objeto percibido/sujeto perceptor, manteniéndonos fuera del verdadero conocimiento.¿Podrá la luz abrirse paso entre tantos conceptos e informaciones asentadas en nuestras atiborradas mentes?
Aprendemos: “los vegetales no hablan ni piensas”, “las piedras no son seres vivos”, “los animales no tienen consciencia de si mismos, no sufren”, “nuestro universo tiene tres dimensiones”… Así que, ¡eso almacenamos en nuestras mentes…!. Y más vale que a nadie se le ocurra oír hablar a un perro, o escuchar el gemido desgarrador de un olmo talado, o algo similar! ¡Y mucho menos tener alguna experiencia en otra dimensión!, puesto que resultaría tremendamente peligroso.

Así las cosas, es mejor continuar nuestra andadura como pobres mortales tridimensionales y desalmados, al abrigo de cualquier otra verdad que no sea la de nuestras inamovibles y cientificistas convenciones, acerca de lo que es, de lo que no es, y de lo que puede ser.

Y bien, nosotros nos lo perdemos. Si; nos lo perdemos nosotros, y nuestro planeta, y nuestra galaxia, y la evolución… ¿O es que acaso pensamos que la evolución sólo es algo que nos concierne a nosotros en exclusiva? Pero la evolución no es solo cosa nuestra, aunque las convenciones hayan ocupado nuestra consciencia sumiéndonos en la noche.
La evolución concierne al planeta, al universo y a toda vida y vibración. Pero nada, parece que vamos por la vida haciendo lo que Hegel –burlándose de los materialistas de la época- decía: “Si los hechos contravienen la teoría, peor para los hechos”. Sin escucha, dormida y a oscuras nuestra mente no ve nada más que conceptos carentes de sentido, y vamos tan aletargados por la vida, tan muertos, que no nos damos cuenta, de casi nada, de cuánto nos rodea.

Tomamos una florecilla, nos gusta o no, la olemos y la tiramos otra vez sin habernos percatado de ningún sentido… ¡La florecilla, los animales, los árboles, las piedras, el agua, los metales… Todo en la vida tiene un sentido! Todo en la vida se une en un solo canto con el sonido del  cosmos, del cual, nosotros somos sólo una ínfima parte. Porque desde la más ínfima partícula, hasta una estrella, pasando por la hormiga, la flor, el ser humano y la montaña, somos lo mismo y estamos estrechamente Inter.-relacionados…

Pero seguimos orgullosos sin enterarnos de nada como sacos andantes repletos de información, con grandes ojos que no ven y orejones que no escuchan. Tal vez, en un instante fugaz, uno despierta un poco y vive el milagro de la naturaleza, percibe que todo tiene una voz, una razón de ser, un momento, un nacimiento, una muerte, un renacimiento; que todo vibra y se mueve en constante ritmo, que toda materia habla, gime, comunica su vibración y se esfuerza por la evolución y en la vida.

Pero nosotros, peregrinos sin fin hacia una tierra de no se sabe dónde, seguimos dando por sentado que sólo es procesable y aprehensible aquello que es medible y cuantificable desde lo que nuestro cinco sentidos pueden oír, oler, ver, gustar y tocar; y con un sonoro portazo de ciencia oficial perceptivo-cognitiva, seguimos la marcha tranquilos y cerrados a toda otra percepción, ignorando todo conocimiento sobre la vida majestuosa que nos rodea y nos habita. Y si esa misma vida y realidad contradice  nuestras teoría, pues peor para la vida y la realidad, cómo bien decía Hegel: “Si la teoría contradice los hechos, peor para los hechos” tratando de poner en evidencia la ceguera del materialismo positivista.

Y no es que no tengamos señales en nuestra ruta, que a lo largo de la historia nos indican una y otra vez los pasos del despertar, del desenseñarse. Porque señales, “haberlas haylas” es mas, en realidad lo único que hay son señales. De modo que si tan solo pudiéramos dejar un huequecito en ese saco repleto de falsa sabiduría andante, la luz podría iluminar poco a poco nuestra oscuridad y esas señales saltarían a nuestro encuentro deseosas de guiarnos con veracidad… Pero no hay caso.

Hoy que todo el mundo anda loco por enseñar y ser maestro, se me ocurre que lo que nos hace falta es un “desenseñador“, alguien que, como lo hacia el personaje de Hinton en sus relatos científicos sobre la cuarta dimensión, nos ayude a desaprender y a erradicar todas esas convenciones que obstaculizan en nosotros el desarrollo de nuestras potencialidades, de toda nuestra ternura y de toda nuestra humanidad. Esa es la función clave y magistral de todo maestro que verdaderamente lo sea, como lo fueron desde Lao Tse a Bakunin, pasando por Diógenes, Sócrates, Spinoza, Schrödinger y Heisemberg. Porque, ¿no es “desenseñar” lo que hace Krishnamurtri cuando dice la imagen que uno tiene de la realidad, es diferente y distinta de la realidad misma o cuando señala que comprender intelectualmente es como decir bananas? ¿Y no es desenseñar lo que propone Lao Tse cuando dice: “Confieso que no hay nada que enseñar… hoy hablo de una manera y mañana de otra, pero el Camino permanece siempre mas allá de las palabras y de la mente. Se simplemente consciente de la unidad de las cosas”?

Hay que poner un desenseñador en nuestras vidas, ¡y estamos de suerte!, porque en cada uno de nosotros mora uno dispuesto a barrer aprendizajes inútiles de nuestras neuronas y de nuestro corazón, porque la vida es algo que apenas entendemos y nos esforzamos por encasillarla en grupos de cosas muertas y cosas vivas más allá de lo que la vida es. Dejemos que actúe porque aun estamos a tiempo.

En realidad, cada instante es todo el tiempo del mundo para retomar el camino del despertar, ya que el tiempo no es nada más que otra de las muchas variables en las que transitamos descarriados y de la que debemos también “desenseñarnos”.

Hinton, el creador del termino “desenseñador” (“Unlearning” en el original), narraba que nuestro espacio mental (¿nuestra consciencia, nuestro espíritu?) es hiperespeso, y que nos impedimos atravesar el umbral de la tercera dimensión, y circular por dimensiones superiores, (la cuarta. quinta o enésima dimensión), a fuerza de considerar como verdades absolutas, lo que solo son convenciones limitativas que nosotros mismos hemos construido y damos por sentadas.
En los relatos de Hinton, este personaje, hace que las viejas y limitativas convenciones se desvanezcan liberando a la mente de su cautiverio; pero Hinton no cuenta que dentro de cada uno de nosotros, aguarda paciente un desenseñador, dispuesto a funcionar en cuanto le dejemos realizar su tarea.

A veces le ponemos a las cosas de siempre, palabras nuevas y pensamos que lo nuevo son las cosas y la vida, cuando lo eternamente viejo y nuevo es lo que es; en suma, lo que cualquiera puede escuchar y ver, si no se para a pensar que grupo de fibras y haces nervioso-sensitivos está utilizando, y que grupos celulares van a procesar y a canalizar la percepción en el cerebro, además de cuan cuantificables serán los resultados. Si por un segundo logramos esa vista y esa escucha en la luz, estamos en el camino de vuelta a casa, hemos conectado nuestro propio desenseñador interno.

En cierta ocasión alguien alababa el mérito de Miguel Ángel, capaz de convertir un burdo y tosco pedazo de piedra de mármol en esculturas tan sublimes…¿Cómo lo hace? -le preguntaron al Maestro-. “Yo no hago nada, ni tengo ningún mérito: desbarato la piedra y saco lo que ella lleva dentro“. Sin duda, Miguel Ángel, no solo había conectado con su desenseñador interno, sino que él mismo lo era.

Nuestros cuerpos tridimensionales se resisten a la existencia de otras dimensiones, y es justamente esa resistencia lo que esclaviza a nuestro ser a esta tercera dimensión. La cuarta dimensión, la quinta o la enésima, no son dimensiones nuevas, lo único que las hace nuevas, es el hecho de que la ciencia oficial, hoy desde las teorías cuánticas, las abra a la luz de la posibilidad. Pero esas dimensiones son tan eternas como nosotros, y han sido tan transitadas por la humanidad, cómo lo es el metro de Madrid para los madrileños. ¿Es la escucha y la visión cuatridimensional, el fenómeno que denominamos percepción extrasensorial?... Nunca lo averiguaremos desde las convenciones tridimensionales positivistas que damos por sentadas en nuestra consciencia.

Conectemos con nuestro “desenseñador” y salgamos a pasear:

“Lo mismo que el mundo puede revelarse como partículas, el camino puede revelarse como seres humanos. Aunque el mundo y las partículas no son la misma cosa, tampoco son algo diferente. Aunque el cuerpo cósmico y tu cuerpo no son la misma cosa, tampoco son algo diferente. Mundos y partículas, cuerpos y seres, tiempo y espacio: son todas expresiones transitorias del camino. Invisible, inaprensible, el camino está más allá de todo intento de análisis y de clasificación. Al mismo tiempo, su verdad está allí donde te dirijas. Si puedes dejarlo partir de tu mente y rodearlo con tu corazón, vivirá dentro de ti para siempre”.

Lao Tse, autor de estas palabras era un gran desenseñador. Cada uno de nosotros posee dentro de si el suyo. Escuchémoslo.

El arte de desaprender, es un antiguo legado inscrito en los albores de la humanidad, puesto de relieve en los mensajes que todos los grandes pensadores de todas las culturas nos han dirigido hasta hoy. Es un proceso vivencial arduo, cuyo pasaje requiere una experiencia iniciática de vaciado y despojo, de muerte y renacimiento, que interpela lo mas profundo de nosotros e impregna nuestra cotidianidad de un estado de alerta y de vida armónica, desbaratando nuestro acontecer rutinario y acercándonos a un encuentro real de nuestro ser, en un despertar alborozado de comunión con la vida. Todo psicoterapeuta debe, de algún modo, atravesar e instalarse en este pasaje de conexión continua con el “desenseñador” interno. Y toda psicoterapia debiera basarse en este desaprender, si pretende que el individuo se redescubra en su verdadera dimensión inalienable; ya que solo desde ahí será posible el trabajo de conjugación y reconciliación con lo esencial de cada ser humano, consigo mismo, y con la humanidad.

El arte de desaprender es un proceso de vaciado, de muerte y renacimiento, que nos lleva a la libertad.

(Uno de los capítulos de mi libro publicado en dos ediciones, las dos agotadas:
“Las máscaras del yo o de robot a persona”)

Carmen moreno Martín,
Alias Hannah

DESDE http://serrizomatico.blogia.com

Imagen: ‘Una leve curva hacia el noroeste’, fotografía de Carlos Serrano

SI PREGUNTAN

Si preguntan por mí…

diles que me he ido
a cobrarle su deuda a la vida,
que me niego a esperar
a que le dé por venir
algún día hasta mis pies.

Diles que me he ido,
dejando atrás las caretas
y los ropajes que sólo sirven
para disfrazar nuestros deseos.

Diles que necesito
apagar el fuego que me consume,
y me cansé de esperar
que la esperanza llegase
con un toque de realidad
entre las manos.

Diles que igual tardo un tiempo
en volver a lo de siempre,
quizás el que me reste de vida,
porque es grande la deuda
que tengo que cobrarme del amor,
de las tardes encendidas
que hace tiempo se apagaron,
y de las múltiples variantes
con que el veneno de tu cuerpo
emponzoñó mi calma,
mi seguridad y mi firmeza…

Publicado por Pacogor
en  http://escritoconsentido.blogspot.com


nudo

Nudos

Me gusta deshacer nudos. Ya saben, cualquier tipo de nudos, en cuerdas de cáñamo, en cables de ordenador, en las finas cuerdas de plástico para colgar la ropa he incluso en las luces de navidad. El trabajo de deshacer nudos es una de las ocupaciones más relajantes que pueden existir. Concentrar la visión y el control de la punta de los dedos, buscando el camino por donde ha ocurrido el error, por donde la punta de la cuerda ha perdido su camino deslizándose por una curva incierta, debajo de una intersección difícil. Hay algo en esa ocupación que permite desconectar el resto de las neuronas de tu cerebro, que no es otra cosa que un gigantesco ovillo mal envuelto, y dejarte deslizar por las circunvoluciones como se si tratara de una carretera interminable. Hay algo de preciso en un nudo, algo que te permite retroceder en el tiempo para descubrir en qué momento comenzó a liarse, y poder lograr que la punta de la cuerda recorra ese mismo camino, retrocediendo en el tiempo.

Y cuando finalizas el trabajo, a medias contento por un trabajo bienhecho y a medias triste por el final de una labor, descubres que aquella complicación no era más que una cuerda, casi sin dimensiones (bueno, dos), sencilla como sólo puede ser una línea trazada por un lápiz.

Hay algo de azaroso en un nudo. Uno no puede buscar crearlo, no puede provocar el caos, pero este siempre ocurre, siempre se termina enredando la realidad de las formas más peregrinas. Los nudos que uno deshace son aquellos creados por la casualidad, los que uno crea, nudos de zapatos, de marineros, de scouts, son nudos con lógica, con orden, con propósito. No tienen la impresibilidad de los otros.

Lo mejor de todo es que un nudo es un problema palpable al que puedes acceder, nosotros tenemos muchas veces nudos. Sentimientos que en un determinado momento han cambiado de curso, historias personales que han tenido un giro erróneo, un encuentro fortuito, o simplemente la vida que en un momento se topó con el caos. En estos nudos no se puede hacer que la punta del problema retroceda los pasos, tampoco sirve mucho encontrar el momento en que todo se ha torcido, más bien tienes que seguir adelante, intentando encontrar un camino de salida por donde puedas empezar a sacar la punta del ovillo, y estirando con paciencia lograr que todo el lío se deshaga.

DESDE  http://elforastero.blogalia.com/

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Las imposibilidades y otras lluvias eternas,
de las últimas,
las últimas gotas,
la espera,
tú,
tu espera
entre el centro y la ausencia.

DESDE http://lasletrasdearena.blogspot.com