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IMPOTENCIA


Maldita impotencia.


Condenado desaliento

que hace hervir

de rabia la sangre.


Es como una piedra

en el estómago

que no puedes digerir

de ninguna manera.


Al menos

tenemos derecho

a decir lo que nos permiten,

sin que nos tachen

de alarmistas y demagogos

los terroristas de corbata

que imponen sus leyes

amparados en la grey.


Es el poder de la mayoría,

la democracia

de padres y madres

sonrosadamente satisfechos

corderos de camino al matadero,

dándole a escoger el arma

al matarife

cada vez que le votan.


Al menos pronto

estaremos todos muertos.


Menos mal que la vida

es un mero parpadeo

que acaba pronto…



Publicado por
Pacogor


en
http://escritoconsentido.blogspot.com

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Poner límites y compasión

Este
relato fue contado por su protagonista en un reportaje radial, hace
unos 20 años:

Había hecho una huerta en su casa de campo, a orillas de
un camino escasamente transitado.

Pero no estamos hablando de un
hortelano más:
era médico rural. Tampoco era un médico rural más: se llamaba René Favaloro;
sí, el mismo que con el paso de los años revolucionaría la cirugía
cardiovascular creando la técnica del bay pass; aquél hombre íntegro y
humilde que gestaría una Fundación para ayudar a millones de personas,
-aún a costa de su propia vida
-.

Volvamos al relato…

El Dr. Favaloro
contaba que, como nieto de hortelano, había sabido hacer rendir la
tierra: verduras, hortalizas, y también deliciosas frutas asomaban
entre la fronda, pues su abuelo le había enseñado el secreto de los
injertos
entre distintas plantas (¡conocimientos que luego salvarían
corazones!).
Mas la huerta tenía un problema: la parte que daba hacia
el camino siempre terminaba depredada; quienes pasaban por allí, sigilosamente rapiñaban cuanto podían.

Don
René contaba que se planteó este problema: ¿debía dejar perros sueltos
para que no robaran? ¿Poner un cerco más alto? ¿O quizás alambre de púa
para impedir el acceso?

Buscó dentro de sí la decisión justa.
Y entonces, su sentido común se unió a su compasión, recordándole algo
esencial: quienes transitaban por ese camino, sin excepción, era gente pobre.

Entonces halló la solución: simplemente dividió el huerto en dos, con
un alambre tejido, dejando una parte de todo lo cosechable hacia lado
de su casa, y otra generosa porción del lado del camino.
Pero… allí, en ese nuevo límite interno,
colocó junto al alamabrado un cartel que decía: "POR FAVOR: ROBAR
SOLAMENTE HASTA AQUÍ"
.

Don René terminó la historia con esta frase: "Nunca nadie se excedió de ese límite."



Esta historia nos regala algo valioso: no sólo un ejemplo el ejercicio inteligente
de la COMPASIÓN, sin quedarse atrapado en la avaricia de "lo MÍO".
Nos
recuerda también la importancia de PONER LÍMITES DIGNOS, respondiendo a
un imperativo moral: CUIDAR DE SÍ.

Tenerse en cuenta
a sí mismo en un sentido no-egoísta es tan vital como tener en cuenta
al otro. De lo contrario, es muy fácil que propiciemos situaciones de
ABUSO, con lo cual, sin advertirlo, nos volvemos SOCIOS DEL ABUSADOR.
SER PARA EL OTRO ES NECESARIO. Pero SER PARA SÍ ES INDISPENSABLE, pues
sólo siendo para sí se puede CONSERVAR LA INTEGRIDAD que nos permita
tener qué darle a quienes lo merezcan.


Escuchemos al monje budista
contemporáneo Bhante Henepola Gunaratana, de Sri Lanka, hablándonos
sobre este tema:

"Es imposible realizar la práctica genunina

de la compasión hacia otros
sin el fundamento de la compasión hacia sí mismo,
del cuidado hacia sí.

Si tratamos de actuar compasivamente
a partir de un sentimiento de menosprecio hacia nosotros,
la verdadera fuente de nuestras acciones será
la aversión hacia nosotros mismos,

y NO la compasión hacia los demás.

La compasión hacia sí mismo fincada

en el sano amor de sí
nos motiva a ayudar con sinceridad.

Es un error creer que resulta
más refinado o ‘espiritual’ tratarse con dureza
o sentirse indigno. Puedes decir: ‘Preocuparme por mí es egoísmo.
Mis necesidades no son importantes:
que estar siempre a disposición de los otros.’

Esas palabras suenan bien, pero tal vez estés engañándote.
Aunque te parezca extraño, el mismo Buda dijo:
‘Al investigar el mundo entero con mi mente,
no encontré a nadie más querido que a mí mismo.
Y por ser así, aquél que rectamente

se ama a sí mismo nunca dañará a otro.’ "

Autores: Virginia Gawel & Eduardo Sosa,
Directores del Centro Transpersonal de Buenos Aires,
http://pensamientosensible.blogspot.com/

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