http://sinergiacreativa.files.wordpress.com/2009/07/vacio-existencial.jpg

Ser humano: poético y prosaico

 
Leonardo Boff


Uno de los más inspirados poetas alemanes, Friedrich Höderlin
(1770-1843), dijo lo siguiente: «El ser humano habita poéticamente la
Tierra». Este pensamiento lo completó luego un pensador francés, Edgar
Morin: «El ser humano habita también prosaicamente la Tierra». Poesía y
prosa además de ser géneros literarios, expresan dos modos
existenciales de ser.


La poesía supone la creación que hace que la persona se sienta tomada
por una fuerza mayor que le trae conexiones inusitadas, iluminaciones
nuevas, rumbos nuevos. Bajo la fuerza de la creación la persona canta,
sale de la rutina y asume caminos diferentes. Surge entonces el chamán
que se esconde en cada persona, esa disposición que nos hace sintonizar
con las energías del universo, que capta el pulsar del corazón del
otro, de la naturaleza y del mismo Dios. Por esta capacidad se
descubren nuevos sentidos de lo real.

«Habitar poéticamente la Tierra» significa sentirla como algo
vivo, evocativo, grandioso y mágico. La Tierra es paisajes, colores,
olores, fascinación y misterio. ¿Cómo no extasiarse ante la majestad de
la selva amazónica, con sus árboles cual manos tendidas hacia lo alto,
con la maraña de sus lianas y enredaderas, con los sutiles matices de
sus verdes, rojos y amarillos, con los trinos de las aves y la
profusión de sus frutos? ¿Cómo no quedarse boquiabierto ante la
inmensidad de las aguas que penetran lentamente en la espesura y
descienden mansamente hasta el océano? ¿Cómo no sentirse lleno de temor
reverencial al caminar horas y horas por la selva virgen, como varias
veces me tocó hacerlo con Chico Mendes? ¿Cómo no sentirse pequeño,
perdido, un bichito insignificante ante su incalculable biodiversidad?

Habitamos
poéticamente el mundo cuando sentimos en la piel el frescor suave de la
mañana, cuando padecemos bajo la canícula del sol de mediodía, cuando
nos serenamos al atardecer, cuando nos invade el misterio de la
oscuridad de la noche. Nos estremecemos, vibramos, nos llenamos de
ternura y nos extasiamos ante la Tierra en su inagotable vitalidad y al
encontrarnos con la persona amada. Entonces vivimos el modo de ser
poético.

Lamentablemente son ciegos y sordos y víctimas de la
lobotomía del paradigma positivista moderno quienes ven la Tierra
simplemente como un laboratorio de elementos físico-químicos, como un
conglomerado inconexo de cosas yuxtapuestas. No, ella está viva, es
Madre y Pachamama.

También habitamos prosaicamente la Tierra.
La prosa recoge la cotidianidad y el día a día gris, hecho de tensiones
familiares y sociales, como los horarios y los deberes profesionales,
con discretas alegrías y tristezas disimuladas, pero lo prosaico
también esconde valores inestimables. Se descubren tras una larga
estancia en un hospital, o cuando regresamos presurosos después de
pasar penosos meses fuera de casa. Nada más suave que el sereno
transcurrir de los horarios y de los quehaceres domésticos y
profesionales. Nos da la sensación de una navegación tranquila por el
mar de la vida.
Poesía y prosa conviven y se alternan de tiempo en tiempo. Tenemos que
velar por lo poético y lo prosaico de nuestras vidas, pues ambos se
complementan y están amenazados de banalización.

La
cultura de masas ha desnaturalizado lo poético. El ocio, que sería el
momento de ruptura de lo prosaico, ha sido aprisionado por la cultura
del entretenimiento que incita al exceso, al consumo de alcohol, de
drogas y de sexo. Es un poético domesticado, sin éxtasis, un disfrute
sin encantamiento.

Lo prosaico ha sido trasformado en simple
lucha darviniana por la supervivencia, extenuando a las personas con
trabajos monótonos, sin esperanza de gozar del merecido descanso. Y
cuando llega son rehenes de quienes han pensado todo por ellas,
organizan sus viajes y les fabrican experiencias inolvidables. Y lo
consiguen. Pero como todo es artificialmente inducido, el efecto final
es un doloroso vacío existencial. Y entonces les dan antidepresivos.

Saber vivir con levedad lo prosaico y con entusiasmo lo poético es indicativo de una vida plenamente humana.

    Leonardo Boff es autor de El despertar del águila: lo diabólico y lo simbólico en la construcción de la realidad, Trotta, Madrid, 2000.

    [Traducción MJG]  DESDE  http://www.atrio.org/

https://i0.wp.com/data5.blog.de/media/243/3243243_dd6077c11b_m.jpg


No sé adónde voy, dame la mano.

La estela del caracol reluce en el ocre de esta tierra;
un cuervo ha pintado un nota azabache en el roquedo
y tocan las campanas a muerto allá lejos.
Siguen sus filas las hormigas
con ritmos inmutables.

No sé adónde ir, se me clava una lágrima al sentarme,
se borra el cielo; se borran los ojos de las frondas;
desaparece la línea del sendero y la lechuza se ha posado
a gritar
desde el canto de la luna.

Sigo y sigo
bajo las estrellas
que me lanzan luces, me las lanzan
como abiertas manos.


de
http://volarela.blogspot.com/

https://i0.wp.com/farm4.static.flickr.com/3189/2973920871_5e4c57f40f.jpg            imagen de volarela

Anuncios