“…ante tantas injusticias
y con los millones de personas que mueren
cada año debido a la pobreza,
resulta inevitable preguntarse si a Dios
se le ha escapado su creación de las manos…”

Angel Olarán

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Entrevista de Javier Colomo a ANGEL OLARAN

Puedo decir y con orgullo que he tenido la suerte de compartir charla y conversaciones con él, que es un ser excepcional y que hace a uno reconfortarse con el ser humano y con la vida.

LA EXPERIENCIA DE TOCAR LO INTOCABLE

La intensidad de cada día que pasamos en Wukro invitaba a largas y profundas charlas al caer la noche, ya fuera en los porches del patio central de la misión, al calor de unas tazas de café sobre la mesa del comedor, o en los sillones y sofás del salón. Esos escenarios nos ofrecieron algunos momentos de quietud, durante los cuales conseguí vencer la resistencia de Ángel a hablar de sí mismo. Pero los ejes de su conversación con el periodista serían siempre sus dos principales preocupaciones, profundamente relacionadas entre sí: la pobreza que lo rodea y la coherencia personal con su fe cristiana. Las cuestiones personales, la confesión y el debate de alegrías, miedos e inquietudes ocupan un amplio espacio reservado a la intimidad con el amigo. La frontera la establecen el bolígrafo y el block de notas.

El padre Olaran nació en 1938, quinto de seis hijos, en una familia muy católica. Su hermana mayor, María Rosa, se hizo monja en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María. Seguía los pasos de una tía materna, Carmelita Descalza, y de una tatarabuela que entró junto a una de sus hijas en un convento de las Agustinas. Recuerda que a los veinte años tuvo ‘una experiencia personal de Dios. Cuestión de segundos o tal vez minutos, no sabría decirlo. Pero tocar lo intocable fue una de las experiencias más fuertes de mi vida y me marcó. No he necesitado que se repitiera.’ Meses después, tras la muerte de su padre, decidió hacerse sacerdote.


— Jamás pensé quedarme en Guipúzcoa, ya que para mí lo primero era trabajar como misionero y lo segundo ser cura. ¿Por qué? Tal vez el impacto del Domund en mi niñez, o de alguna película como “La mies es mucha” . Así que me puse en contacto con los Padres Blancos, porque África siempre me ha inspirado respeto y admiración.
Tenía afinidad por Tanzania, quizás a causa de algunas lecturas de Nyerere, su primer presidente. Y tuve la fortuna de trabajar en ese país desde 1970, con la tribu de los Wanyamwezi, los Hijos de la Luna. Pero en 1991 hice un curso de islamología, y me propusieron trabajar en Etiopía. Yo tenía 54 años y llevaba mucho tiempo insertado en otra cultura, otra iglesia, otra sociedad. Eso crea hábitos, rutinas que dan cierta seguridad. Temía encontrarme en Etiopía con problemas de adaptación, desde aprender otra lengua de raíz semita como el tigriño, hasta la liturgia oriental en un idioma antiguo ya en desuso como el Ge’ez. Pero, en noviembre de 1992, llegue a Adigrat y durante una temporada me dediqué a estudiar. Ahora llevo diez años en Wukro.
También he llegado a un cierto enraizamiento, con la confianza de que la gente me acepta. Y eso anima a seguir.

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–¿Nunca has temido haberte equivocado?


—  Al llegar a Tanzania no sabía cómo se iba a desarrollar mi sacerdocio, ni en qué iba a terminar aquella ilusión de hacer algo en el tercer mundo. Pero, durante mis años de trabajo en estos dos países, creo haber dado conmigo. Siempre he encontrado gente que me acogía, ayudándome, respetándome, confiando en que podía hacer algo con ellos, a veces para ellos. Gente que, como yo de ellos, también necesitaban mi cercanía. Estas relaciones humanas han mantenido viva mi decisión de hace 34 años. Y en esas vivencias he descubierto mi propia manera de ser sacerdote, de intuirlo como servicio. Hoy mismo estos contactos siguen abriéndome posibilidades de vida, de futuro. Cada persona es un camino por descubrir, que andar como no he andado antes. Es tanto, que llena una y dos vidas. Mi opción inicial facilita todos estos encuentros y nunca me arrepiento, por muchos fallos que yo esté cometiendo. Por otra parte, he encontrado siempre a Dios delante de mí, animándome, dándome fuerzas. Aun en la experiencia más íntima y personal de Dios, siempre lo he experimentado con su creación, con su gente. Y a través del Evangelio, con los pobres. Y yo ahí. Intuyendo que no me pertenezco. Que mi cuerpo, mis talentos, mis capacidades pertenecen a aquellos con los que convivo.

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–¿Te arrepientes de algo?


— Es tanto lo que las relaciones humanas ofrecen aquí, que uno se admira de nuestra propia falta de sensibilidad frente a ese gran potencial. Me arrepiento de no haber llegado a un espíritu de adoración frente al pobre, al marginado, al humillado, al ignorado. Adorar a Jesús en la eucaristía es mucho más fácil que adorarlo en los pobres. Sin embargo son estos, y no quienes detentan el poder económico, político y religioso, los que nos garantizan que la vida merece la pena de ser vivida. Me apena la limitación que tengo para aprovechar ese potencial humano y espiritual que, día a día, me ofrecen las relaciones con gente abandonada por la sociedad. Y me arrepiento de crearme necesidades materiales que me separan de lo fundamental de la vida. Pero de mi opción no me arrepiento, gracias a ella he llegado a la experiencia que tengo de mí mismo, de la sociedad y de Dios.

El balance de una década de esfuerzos en Wukro resulta satisfactorio.

  • Sobre unos terrenos cedidos por la comunidad se levantó una escuela de agricultura y comercio, cuyas actividades no tardaron en ampliarse mediante aulas de electricidad, mecánica general, carpintería y trabajos en cuero.
  • También se han creado talleres de pintura, música, corte y confección, escultura en yeso y bordado.
  • Medio millar de mujeres ha pasado por cursillos de cultivo de hortalizas, avicultura, ganadería, apicultura y cerámica, beneficiándose de microcréditos para poner en práctica los conocimientos adquiridos.
  • Un grupo de jóvenes y niños aprende las artes circenses y otro practica la defensa personal (kárate).
  • La misión financió la ampliación de la escuela estatal con cuatro nuevas aulas, y edificó un pabellón antituberculoso con 48 camas en el hospital de la ciudad, además de aportar medicamentos, adquirir una unidad móvil para el Centro de Salud y hacerse cargo de las nóminas del personal de limpieza.
  • Así mismo, de las menguadas arcas de Saint Mary salen los alquileres de las viviendas de 40 ancianos y los gastos de 50 enfermos de sida y 80 de tuberculosis, además de la ayuda destinada a unos 200 estudiantes, sin contar los huérfanos directamente tutelados.

La reforestación también ocupa un lugar importante entre nuestras tareas.

  • En la parcela que nos dieron para la escuela sólo había un árbol, una acacia. Ahora tenemos más de 10.000 árboles y plantas de 600 especies diferentes.
  • En otro terreno montañoso y malo que las autoridades nos ofrecieron, plantamos 3.000 árboles.
  • Y en las calles de la ciudad hemos colocado un millar de árboles ornamentales que ya han empezado a florecer.

Con todo ello queremos aportar nuestro granito de arena para cuidar a nuestra Madre Tierra, tan manoseada y pisoteada por políticos e industriales sin escrúpulos.

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–Has envejecido en la misión sin ver que viniera otro cura joven detrás de ti, sabiendo que hay muy pocas vocaciones sacerdotales. Los jóvenes con las mismas inquietudes humanas que tú sentías encuentran hoy muchos motivos para rechazar a la Iglesia y prefieren apuntarse en alguna ONG. ¿Te preocupa no tener relevo?


— No. Creo que la Iglesia tiene capacidad para reorganizar esta pesada estructura que tanto amarra. Lo cierto es que mucha de la actual disciplina eclesiástica tiene poco que ver con el espíritu de Jesús, pero confío en que haya el suficiente sentido común como para darse cuenta de ello. Porque la fe es superior a las estructuras; éstas cambiarán y la fe continuará. La Iglesia, incomprensiblemente, ha ejercido un poder directo durante años. Los papas abusaron de un poder que no les confería el Evangelio.
Actualmente aún sigue existiendo un tipo de poder indirecto, con concordatos y servicio diplomático. La tentación de Jesús de adorar al demonio en la montaña, (todo esto te daré si te postras y me adoras) tiene como fondo su misión mesiánica. Pero Jesús no se sirvió del poder político secular para realizar su misión. Y ese camino debe seguir la Iglesia. Su poder es sólo directivo, orientativo.

Desde que llegué a Tanzania encontré un tipo de Iglesia que, aun siendo jerárquica, estaba orientada hacia los diferentes ministerios seglares. Una parroquia puede contar con cincuenta pueblos o sucursales, algunas a más de cien kilómetros de distancia. La parroquia está ‘atendida’ por uno, dos o tres sacerdotes. Pero en cada pueblo hay un catequista a modo de párroco seglar que, con un consejo parroquial, anima y orienta la vida cristiana de la comunidad. El papel del sacerdote misionero es el de echar una mano a ese grupo, además de lo sacramental.

Ultimamente las comunidades de base representan otra evolución en la forma de orientar la experiencia de fe. Así que hay muchas posibilidades de reorganizar incluso el servicio del sacerdocio. Hoy se insiste mas en el sacerdocio como estado que como servicio; el día que el servicio prime, el tipo de sacerdocio cambiara. Entretanto, yo rezo por que llegue el día cuando la Iglesia tome en serio la condición del pobre en el mundo, y haga suya la suerte de tantos millones de personas condenadas a vivir en condiciones infrahumanas.

El que fue Presidente de Tanzania, Julius Nyerere, meditaba así: ‘se nos dice que el hombre esta creado a imagen y semejanza de Dios. Cuando miro a mi alrededor y veo tanto enfermo, pobre, ignorante, ¿tengo que concluir que Dios es enfermo, pobre, ignorante? Ciertamente no. Por ello debo de concluir que estas lacras que padecen tantos millones de personas, están creadas y mantenidas por hombres. Y contra ello tenemos que luchar.’

Echo de menos una Iglesia donde haya aire fresco, donde sea posible soñar y mirar al futuro de forma creativa. Que valore las situaciones políticas, económicas y sociales a la luz del Evangelio, a la luz de los Derechos Humanos. Y que adopte una postura profética donde corresponda. Esa actitud falta hoy en la Iglesia.

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–Sin embargo no faltan textos eclesiásticos sobre  la pobreza. Palabras que, escritas entre los oropeles vaticanos o desde los palacios  arzobispales, nunca me han parecido creíbles…


— La verdad, no entiendo que seamos capaces de utilizar a los pobres mediante frases hechas como “los pobres nos salvan”, “la Iglesia es la voz de los que no tienen voz”, etcétera. Muchas de esas frases llegan a ser insultantes. Porque las pronunciamos sin dejarnos tocar por los pobres, manteniéndolos a una distancia social suficiente para que no nos molesten. Las empleamos en nuestros púlpitos, despachos o reuniones sin haber experimentado, y a veces ni siquiera intuido, la impotencia social y económica que sufren los marginados. Corremos el peligro de abusar de ellos, cuando no creamos una relación humana. Jesús vivió y enseñó en la calle; la sinagoga la utilizó como un medio y no necesitó despachos; hizo suya la situación de los marginados y los salvó desde su condición de marginados.

Hay caridades que están centradas en uno mismo, como se dice, buscando nuestra propia tranquilidad, y eso puede ser inmoral.

— La caridad supone un mínimo de compromiso por la justicia. Significa considerar al marginado como un agente activo de su propia salvación y de la nuestra, no un objeto pasivo de nuestra ayuda. Se trata de actuar por solidaridad y no por caridad, al menos como se la entiende en muchos ambientes eclesiales que no se inspiran en la vida de Jesús. ‘Cada persona es una manifestación de la Gloria de Dios’. ¿Lo sabrán los pobres? ¿Podrán creérselo? Somos incapaces de ayudarles a ver que ocupan el centro del corazón de Dios, que desde su condición humana tienen mucho que ofrecernos, que Jesús sufre con ellos y que con ese sufrimiento ellos nos salvan. Esto no cambiaría su condición, pero daría sentido y dignidad a sus vidas. Sabrían que sus vidas son preciosas, que tienen valor, que son un fin en si mismas. Tagore decía que cada niño que nace es una prueba de que Dios cree en la Humanidad.
¿Será verdad eso? Necesito creer que lo es
. Lo evidente es que millones de niños representan una prueba de lo cruel que es la Humanidad.

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— También podrían ser una prueba de la crueldad de Dios, si existiera.


— Sí, ante tantas injusticias y con los millones de personas que mueren cada año debido a la pobreza, resulta inevitable preguntarse si a Dios se le ha escapado su creación de las manos. ¿No se ha dado cuenta de que somos incapaces de controlar la libertad, el poder y el saber que nos ha concedido y que, en definitiva, son los valores que nos hacen ser a su imagen y semejanza? ¿No se ha dado cuenta de que el tener y el poder cuentan más que el ser? Parece que a Dios le resulte más fácil controlar el deambular de miles de millones de galaxias por la inmensidad del universo y por tiempos inmemoriales… No es raro que dudemos de su amor, al ver tanta injusticia y tanto dolor. Y sí lo es esperar contra toda falta de esperanza, creer contra toda falta de credibilidad que Dios es amor, que es padre y madre. Produce amargura constatar que Jesús se hizo uno de nosotros, asimilando la condición de los humillados y despreciados, dejándonos unos principios capaces de defender al pobre. Los valores evangélicos se mueven en el área de launidad, igualdad, justicia, perdón, paz, dar gratis porque hemos recibido gratis, considerar al otro más importante que uno mismo… y nosotros insistiendo en leyes, en obligaciones morales donde el no debo, el compromiso moral, es más importante que el no puedo, el compromiso personal, evangélico. El ‘Dios es amor’ en nuestros labios, al no estar enraizado en nuestro compromiso como lo estaba en Jesús y sus discípulos, abre ese abismo de credibilidad entre nuestra teoría y nuestra práctica.
Finalmente, aunque nunca falten preguntas, más que dudar del amor de Dios por quienes padecen tanto en el mundo, dudo del amor de la Iglesia. Hay muchas críticas, dentro y fuera. No faltan cristianos que afirman Jesús sí, Iglesia no. Ghandi lamentaba que los cristianos oscureciéramos el Evangelio. ‘Por sus frutos los conoceréis’. ¿Es que nuestros frutos se han vuelto agrios? No he oído que nadie haya dejado la Iglesia porque nuestro programa, nuestra exigencia de vida, nuestro compromiso por la justicia y la igualdad sean demasiado fuertes. No somos una alternativa. ¿No tenemos una responsabilidad grande de que tantos cristianos abandonen su fe?

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— La decepción también resulta inevitable en el terreno político. Y alcanza a las grandes  instituciones humanitarias internacionales…


— Sí. Hace tiempo las Naciones Unidas se propusieron como meta oficial para el año 2012 que todos los niños del mundo estuvieran escolarizados y que, al menos, recibieran enseñanza primaria. Ahora hablan de aplazarlo hasta el 2018. También anunciaron que la población mundial sumida en la pobreza se iba a reducir a la mitad. Y desde que lo hicieron no ha parado de aumentar. La verdad es que no hay una voluntad mínimamente seria de solucionar el problema por parte de las instituciones políticas, económicas ni religiosas. El hambre de aquí se decide allí. Porque los precios de las materias primas africanas se fijan en las bolsas de Europa y America del Norte. Se prohibe a los países pobres que ayuden económicamente a los agricultores que producen algodón, mientras en Europa se les otorgan subsidios. Es decir que se subvenciona a los ricos, impidiendo que los pobres compitan con ellos.
Por otra parte, los gobiernos democráticos europeos han provocado la caída de políticos africanos que podrían haber hecho algo por su gente, diciendo que en la democracia no hay lugar para el comunismo mientras sostienen a regímenes corruptos que favorecen sus intereses. El dinero africano fruto de esa corrupción no tiene problemas para cruzar clandestinamente las fronteras europeas. Pero si quienes huyen de la pobreza africana tratan de cruzar esas mismas fronteras, tropiezan con la parafernalia policial de una cortina impenetrable e inhumana.

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VISITE:

…el mago de Wukro: Ángel Olarán

y

“…una íntima frustración, más allá de las emociones, del dolor y de la impotencia…” Vicente Romero: Sobre libro ‘ÁNGELES DE WUKRO’…



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FOTOS de Fotos de Siscu i Cristina
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