duna

El vals de la duna
no es vals de fortuna
y a veces la luna
con él

bailando desliza
su blanca marea
en mar de Valizas
sin fiel.

Es una balanza
que pesa su danza
y sube a cambiar
de nivel.

Quien ama la duna
sin roce y sin prisa,
es suave caricia
su pie.

No hay rueda que pueda
ni hierro que muela
el polvo nacido
del sol.

La duna bien sabe
que en ella no cabe
el gesto ruidoso
del riel.

Seguro que hubo
un indio que anduvo
dejando en la arena
su piel.

Los lobos marinos
que llegan salinos
recuerdan la orilla,
el ayer.

Presiento que el tiempo,
tan ágil, tan lento,
aprende en la duna
a esperar.

Que el cielo en el viento
detenga un momento,
reloj sin arena,
el vals.
reloj sin arena

De noche el bañado
respira asombrado
sintiendo sirenas
de sal.

Le cuentan las garzas
de plumas tan altas
que son las gaviotas
del mar.

La duna se llueve
si el viento la mueve
porque ella no puede
con él.

Los ojos de arena
llorando de pena
por huellas que cambian
de pie.

duna y huellas

Valiza que sube
con remo de nube
hacia una laguna
de miel,

donde los ombúes
en islas azules
dan sombra en el aire
al clavel.

El vals de la duna
no es vals de fortuna
y a veces la luna
sin él

desnuda desliza
su tierna malicia
en mar de Valizas
infiel.

Daniel Viglietti
“El vals de la duna”

duna y luna